Nuevas aportaciones sobre la guerra civil en la provincia de Teruel a través de la prensa valenciana (julio-agosto de 1936)

José Ramón Sanchis Alfonso

"Luchan frente a frente dos Españas, dos clases sociales, dos sistemas, dos mundos: uno que se va y se defiende en su caída; otro que avanza, que construye algo nuevo. Es más que una guerra civil una revolución universal que lucha en esta su estampa nacional española contra todos los monstruos del pasado unidos en un fascio: la Iglesia, el Ejército, la Realeza, la aristocracia, la burguesía, el capitalismo ...

El Pueblo (26-8-1936), p. 1.

 

Se ha pretendido con esta comunicación, a través de un exhaustivo vaciado de las noticias que aparecieron en la prensa de las ciudades de Castellón (diario Heraldo de Castellón) y de Valencia (diarios UGT-CNT, El Mercantil Valenciano, El Pueblo, La Correspondencia de Valencia, La Voz Valenciana, Verdad y Fragua Social), ampliar la visión del conflicto bélico que ya se tenía por la bibliografía existente y ofrecer una nueva perspectiva de las vicisitudes por las que pasó la provincia de Teruel durante los primeros meses de la contienda entre julio y agosto de 1936. Otros aspectos de gran interés como el de la represión en una y otra zona no se analizan en profundidad por las limitaciones de este artículo, aunque se tratan parcialmente.

Cuando se produjo la sublevación militar, la ciudad de Valencia contaba con seis periódicos, uno independiente que era La Correspondencia de Valencia; dos republicanos, uno del Partido de la Unión Republicana Autonomista: El Pueblo, y otro azañista e izquierdista: El Mercantil Valenciano; dos monárquicos alfonsinos: Las Provincias y La Voz Valenciana; y el Diario de Valencia que era el órgano de la Derecha Regional Valenciana. El inicio del conflicto, durante las primeras semanas, trajo consigo una honda transformación y reorganización de la prensa valenciana, con un cambio ideológico de los diarios existentes y con la proliferación de otros nuevos. Se produjo una incautación de los talleres por parte de partidos y sindicatos. Las Provincias desapareció el 19 de julio y en su imprenta pasó a editarse UGT-CNT, órgano unificado de las dos centrales sindicales desde el 25 de julio hasta el 20 de agosto, y a partir del 21 de agosto el anarcosindicalista Fragua Social. Los locales de La Voz Valenciana fueron asaltados con la destrucción de su redacción unos días antes del inicio del conflicto; el periódico dejó de aparecer hasta el 3 de agosto, y cuando vio de nuevo la luz, lo hizo con el subtítulo de Diario Republicano de Izquierda. Los talleres de el Diario de Valencia fueron incautados y dejó de aparecer el 19 de julio, para editarse en su lugar Verdad a partir de su segundo número; el 1 de agosto apareció subtitulado como Diario Político de Unificación, editado por los partidos Comunista y Socialista. Unión Republicana Nacional incautó los talleres de El Pueblo por un acuerdo del CEP desde el 12 de agosto. El Mercantil Valenciano se convirtió a partir del 29 de julio en el diario controlado por la Delegación de Propaganda y Prensa del CEP. La Correspondencia de Valencia que era el periódico de la tarde, desapareció hasta el 29 de julio, y volvió a salir bajo una orientación izquierdo burguesa, para pasar a ser portavoz de la UGT a partir del 29 de julio[1]. Por su parte, el Heraldo de Castellón siempre se presentó como independiente sin compromiso de partido, fue incautado en julio de 1936 por el Comité Ejecutivo Antifascista como su órgano de expresión y así funcionó hasta la entrada de las tropas franquistas en Castellón en 1938.

El cambio de tendencia de los periódicos motivó que sus habituales lectores abandonaran las suscripciones. La reacción de las nuevas administraciones fue en algunos casos la amenaza para evitarlo, como apreciamos en un anuncio de La Voz Valenciana[2].

Es importante destacar que la fuente histórica aquí utilizada, corresponde a uno sólo de los bandos, y que fue una prensa con una identidad ideológicamente censurada por el clima de guerra existente y con un alto grado de politización, pues cada uno de los periódicos era el órgano de expresión de diferentes partidos o sindicatos. Pese a ello se ha intentado realizar una reconstrucción histórica equilibrada y tratar el conflicto con rigor científico y objetividad histórica, sin hacer una historia revanchista ni una historia manipulada como buena parte de la realizada por los vencedores.

Se ha estudiado el triunfo inicial del levantamiento militar en la ciudad de Teruel y el apoyo a los golpistas con la declaración del estado de guerra el 19 de julio, que gracias al destacado papel que desempeñaron las fuerzas de la GC (Guardia Civil), de Asalto y de Seguridad, rápidamente se extendió a casi toda la provincia, excepto en los núcleos mineros de Libros y Utrillas y algunas otras poblaciones como Albalate del Arzobispo. Se ha analizado la situación existente en la provincia y lo que pasó con los ayuntamientos. La provincia de Teruel va a quedar rodeada por zonas bajo el dominio republicano: Tarragona, Castellón, Valencia, Cuenca y Guadalajara; la única frontera libre es la de Zaragoza.

Además se ha prestado una especial atención a la Columna de Casas Sala y Fernández Bujanda, procedente de tierras valencianas, y a la traición en Puebla de Valverde de los guardias civiles que la componían, que en gran número pasaron a defender la ciudad de Teruel y el peso decisivo de esta acción, pues gracias a ella se pudo mantener la capital en manos de los insurrectos.

Además se han estudiado las dificultades existentes para organizar nuevas columnas de milicianos en la ciudad de Valencia, bien por la indecisión de los militares o por la situación allí vivida hasta los primeros días de agosto, cuando la ciudad definitivamente quedó a favor del Gobierno de la República. Se ha analizado cómo y cuándo se produjo la formación de las distintas columnas, sus componentes, los trayectos que realizaron y los logros conseguidos.

Finalmente, se ha intentado reconstruir cronológicamente cómo buena parte de la provincia de Teruel, pueblo a pueblo, se recuperó para la República a lo largo de los meses de julio y agosto de 1936, gracias al avance de las columnas principalmente anarquistas procedentes de Castilla la Nueva, Cataluña y Valencia.

El fin del período cronológico objeto de análisis en este estudio se ha fijado a finales de agosto de 1936 cuando se puede dar por terminada la primera fase de la guerra en la provincia de Teruel, al quedar dividida por una línea que la partía de norte a sur.

LA SUBLEVACIÓN EN TERUEL

En Teruel, el 18 de julio por la tarde, al llegar la noticia del alzamiento militar del día 17 en África, se produjo una manifestación de los obreros que estaban en huelga[3]; exigieron armas al gobernador Domingo Martínez Moreno, con el deseo de defender la República que consideraban en peligro, pero éste se las denegó. La manifestación se disolvió tras dar el gobernador un mensaje tranquilizador. De inmediato llamó a los responsables de la GC, el teniente coronel Pedro Simarro Roig, y de las fuerzas de Asalto, el teniente Antonio Navarro Gómez, para que se presentasen en Gobierno Civil. Después de esta entrevista el gobernador quedó tranquilo, pues tenía plena confianza en las fuerzas de la ciudad.

Las fuerzas militares de Teruel en aquellos momentos se reducían a la Caja de Reclutamiento, que la formaban un teniente coronel: Mariano García Brisolara, un comandante: Virgilio Aguado Martínez, dos alféreces, un brigada y siete soldados, a las que había que añadir en la plaza unos 60 guardias de Asalto y 50 guardias civiles[4].

En el edificio de la Comandancia Militar, aquella noche, se reunieron el comandante Aguado y el capitán Eugenio Villuendas, prepararon y editaron a ciclostil un bando de guerra para colocarlo por la ciudad al amanecer. Aguado estaba en contacto con el abogado del Estado Marcelo Zabala, que suplía al jefe de Falange Manuel Pamplona, encerrado en la cárcel junto con los dirigentes de los otros partidos conceptuados como "más peligrosos" para la República: los tradicionalistas y las juventudes de Acción Popular. A las ocho de la mañana del día 19 de julio se recibió un telegrama de la Jefatura de la 5ª División en Zaragoza, en el que se daba cuenta de que se había proclamado el estado de guerra en todo el territorio de la jurisdicción. En el levantamiento militar de Teruel se observó una clara dependencia de Zaragoza, cuyos mandos militares habían secundado el alzamiento el mismo día 18. El comandante Aguado recibió la noticia con alegría y mandó formar a los siete soldados que había en la Caja de Reclutas. García Brisolara le preguntó a Aguado que pretendía y éste le respondió que proclamar el estado de guerra si él no se oponía[5]. Casi todas las fuentes inciden en la indecisión del teniente coronel Brisolara que hizo recaer la última decisión en el segundo jefe, el comandante Aguado, que había sido destinado allí en 1931[6].

Virgilio Aguado, a las nueve de la mañana, al frente de los siete soldados salió a la calle, y al llegar a la plaza del Torico, los mandó formar y leyó el bando, escena que repitió en otros puntos señalados de la ciudad, a la vez que lo fueron pegando en las paredes[7]. Este bando trajo consigo graves consecuencias, la primera y más importante fue la destitución por la GC de las Comisiones Gestoras de la mayor parte de los ayuntamientos de la provincia de Teruel, que habían sido democráticamente elegidos durante la República, nombrando en su lugar unas comisiones municipales formadas exclusivamente por personas adictas a los militares sublevados. Estos ayuntamientos, como veremos más adelante, fueron a su vez sustituidos por otros de izquierdas en la mayor parte de la provincia, conforme las poblaciones fueron de nuevo recuperadas para la República por las columnas de milicianos. Hubo municipios que en un corto período de tiempo pasaron varias veces de un poder a otro, cambiando la composición municipal según fuese uno u otro bando quien dominase el municipio, como le ocurrió al de Mora de Rubielos[8].

El gobernador al tener noticia del bando decidió tomar medidas para contrarrestarlo. Le acompañaban varios guardias municipales y de Asalto, se acercó a uno de los bandos pegados en las paredes, lo arrancó, lo arrojó al suelo y mandó a los guardias municipales pegar otro en su lugar, proclamando el estado de alarma[9]. Tras ello regresó a Gobierno Civil.

Al volver Aguado a la Comandancia a las seis de la tarde, se encontró con un grupo de jóvenes de Acción Ciudadana, requetés y falangistas que habían acudido a ofrecer sus servicios[10]. No se tenían noticias de las postura de la GC y de los guardias de Asalto, aunque estos últimos supeditaron su posición a lo que hicieran los guardias civiles. La GC por depender del Tercio de Guadalajara vaciló antes de tomar una decisión por miedo a romper la subordinación jerárquica regular y obedecer en su lugar las órdenes de Zaragoza. Aguado optó por procedimientos expeditivos, en ausencia del teniente coronel de la GC Pedro Simarro que se encontraba en Alcañiz, en una misión encomendada por el gobernador, visitó al comandante José Pérez del Hoyo y éste se sumó a la rebelión. A los 50 guardias civiles hay que añadir los 60 guardias de Asalto y el destacamento de Carabineros, que lo formaban un sargento y siete guardias, y la Policía. Con dichas fuerzas, más los voluntarios, que armaron con 50 fusiles, 25 escopetas y 10 pistolas, pensaban dominar la calle y apoderarse de la ciudad. Por la noche, los jefes militares se reunieron para adoptar las acciones del día siguiente. Lo que más les impresionaba eran las noticias que llegaban de la provincia. En las cuencas mineras los obreros afiliados a la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y la FAI (Federación Anarquista Ibérica) se habían amotinado. El día 19 de julio en Utrillas habían detenido a los ingenieros y a los elementos más destacados de la derecha y habían instaurado el comunismo libertario, al igual que en otros pueblos. Cuando volvía de Alcañiz el coche del teniente coronel Simarro, al pasar por Calanda, fue tiroteado, pero nadie del grupo resultó herido. Aquel día, el capitán Calvo, del cuerpo de Ingenieros, salió con unos jóvenes de las milicias ciudadanas y se situó en las entradas de la población de Teruel para tomar posiciones[11].

Al parecer, la suerte de la provincia de Teruel en parte estuvo en manos del gobernador, que no supo reaccionar a tiempo, en cuanto perdió la comunicación telefónica con Madrid. Los representantes más destacados del Frente Popular se habían reunido en Gobierno Civil de forma permanente hasta la llegada de las primeras y confusas noticias en la tarde del día 19. Ante la postura demasiado confiada del gobernador, que les garantizaba la fidelidad de la GC, Gregorio Vilatela propuso su destitución[12].

En la citada reunión de Gobierno Civil se tomó el acuerdo de detener a Aguado, misión que fue encomendada al inspector de Policía Martín Esteban, y que le valió ser fusilado a los dos días. El teniente de Asalto que fue enviado a apresarlo se puso a sus órdenes y el comandante sorprendió en el despacho a todos los reunidos, a los que detuvo y encarceló[13].

El batallón se dirigió a la plaza de Carlos Castell donde estaban el Centro de IR (Izquierda Republicana) y el edificio de Gobierno Civil. En el Centro de IR se habían concentrado aquella noche los principales dirigentes de la izquierda de Teruel; la versión ofrecida por la derecha les acusaba de haber disparado desde este edificio: "salen a los balcones, lanzan a coro vítores y hacen unos disparos"[14]. El comandante Aguado con unos voluntarios subió al Círculo Republicano y detuvo a los que allí estaban, aunque algunos consiguieron huir. Se trasladaron seguidamente a Gobierno Civil donde detuvieron al gobernador y a un buen número de personalidades que le acompañaban[15]. La autoridad militar se adueñó de Teruel e impuso sus decisiones. Ocuparon seguidamente sin resistencia los edificios de Correos, Telégrafos, el Ayuntamiento y la Diputación Provincial[16]. Basándose en el bando militar destituyeron al igual que a la autoridad gubernativa a la Comisión Gestora del Ayuntamiento[17].

La figura del gobernador, por su actuación, apareció denigrada en la prensa anarquista de la época, aunque probablemente fue una víctima más de aquellos sucesos, pues tras su traslado, nada más llegar a Zaragoza fue asesinado[18].

En Alcañiz, el lunes 20 de julio, una patrulla de falangistas y guardias civiles liberó a unos falangistas encarcelados desde el 5 de julio[19]. Destacados miembros de la Falange como Manuel Pamplona, Antonio Elipe y Herrero y otros fueron también puestos en libertad[20].

El día 21 de julio amaneció Teruel con una huelga general promovida por la Casa del Pueblo que la autoridad militar trató de neutralizar. Fue secundada en talleres, fábricas y algunas obras en construcción, pero un bando de la autoridad militar que amenazó a los obreros con la anulación de contratos en caso de que no volvieran al trabajo al día siguiente, así como la detención de los tres secretarios de los sindicatos, fueron los motivos para su finalización; ésta se prolongó a pesar de ello hasta el día 27[21].

Decidida la situación en Teruel a favor de los insurgentes la suerte de los republicanos se iba a repartir con su eliminación en buen número de casos o en la huida a los montes que rodean la capital, donde intentaron reorganizarse y contactar con otros núcleos de la provincia, sin dejar de ser perseguidos. En la ciudad se recibió un cargamento de armas procedente de Zaragoza que sirvió para armar a una centuria de Falange y a cuatro grupos de Acción Ciudadana, que salieron hacia el Puerto Escandón y otros puntos próximos a Teruel. Una compañía mixta de la GC, guardias de Asalto y voluntarios patrulló por las zonas más escarpadas en los alrededores de la ciudad, por donde maniobraban partidas de huidos[22].

En Albalate del Arzobispo y en las zonas mineras no pudieron implantar la ley marcial por la oposición de las organizaciones obreras; lo contrario sucedió en otras poblaciones como en Cretas, donde en un primer momento la derecha se hizo dueña de la situación, aunque pocos días después la proximidad de las columnas catalanas les hizo huir y marchar a Valderrobres[23].

Los dos focos rebeldes más importantes de la provincia de Teruel fueron los pueblos mineros de Libros y Utrillas. Una expedición de guardias y voluntarios salió el día 22 de julio contra Utrillas, en el partido de Montalbán, a 67 km de Teruel, los mineros estaban esperándoles muy bien preparados para la resistencia con armamento y trincheras; los insurgentes fracasaron en su intento. El día 23 de julio se produjo en Teruel la aparición del primer avión enemigo y el primer bombardeo, lanzó seis bombas sobre la ciudad; al día siguiente y en jornadas sucesivas se repitió la visita. El día 24 de julio salieron de Teruel dos camiones con guardias civiles, de Asalto y voluntarios para atacar la población de Libros, importante centro minero, situado a 26 km al sur de la capital; a su llegada huyeron buena parte de los mineros y con relativa facilidad ocuparon la población y la Industrial Química de azufre. El mismo día los insurgentes atacaron de nuevo la población de Utrillas, también con fracaso. El éxito envalentonó a los mineros que extendieron su acción por la comarca[24].

LA COLUMNA DE TARRAGONA

El primer ataque a la provincia de Teruel procedente de Cataluña tras el alzamiento militar tuvo lugar el 24 de julio. Partiendo de Tarragona, fracciones de la Columna Martínez Peñalver atacaron Calaceite y Cretas, siendo rechazadas y perseguidas por fuerzas de la GC de Valderrobles y voluntarios[25].

En Tarragona, el Regimiento de Almansa allí radicado se mantuvo fiel a la República y conservó su estructura de cuerpo regular. De él salieron dos columnas importantes: la primera al mando del coronel del regimiento Martínez Peñalver, el día 24 de julio, el mismo día que lo hicieron las fuerzas de Durruti en Barcelona, y que invadió la parte nordeste de la provincia de Teruel. Otra columna al mando del teniente coronel Mariano Mena Burgos, siguió un itinerario parecido a la anterior, por los partidos de Alcañiz, Hijar y Montalbán[26]. La caída de la población de Alcañiz a manos de la columna de Tarragona, debió ser inmediata, el mismo día 24, pues ya aparece la noticia en la prensa del día 25[27]. Aunque la toma de Alcañiz fue fácil, la columna encontró resistencia en la cercana población de Castelseras[28].

La columna de Tarragona, que operaba en tierras de Aragón al mando del teniente coronel Mena, estaba formada por 700 miembros del Ejército, 300 carabineros y guardias civiles y unos 1.000 milicianos[29]. Más tarde la columna fue completada con artillería, cumpliendo las órdenes emanadas de los diputados Galés y Farreras y Durán, que actuaban como comisarios de Guerra. Esta columna conquistó las poblaciones de Alcañiz, Hijar, Puebla de Hijar, Albalate del Arzobispo, Calanda, Alcorisa, Montalbán, La Zaida, Azaila, Oliete y Lecera, dominando de esta forma gran parte de la provincia de Teruel y cubriendo el flanco izquierdo de las fuerzas que presionaban sobre Zaragoza[30]. La provincia de Teruel iba a quedar rodeada por zonas bajo el dominio republicano: Tarragona, Castellón, Valencia, Cuenca y Guadalajara; la única frontera libre era la de Zaragoza.

LA COLUMNA DE CASTELLÓN O DE FERNÁNDEZ BUJANDA

Muy pronto, en Valencia, el Gobierno de la República, ante la avalancha humana promovida por los partidos del Frente Popular, las centrales sindicales y los anarquistas, intentó controlar a los voluntarios que deseaban inscribirse en las columnas de milicianos para luchar contra los insurgentes. La prensa del día 21 ya recogía la noticia de que el capitán Uribarri había sido designado para dirigir las milicias antifascistas de Valencia[31].

Con la intención de contrarrestar el poder en Valencia, del que se había hecho cargo el CEP (Comité Ejecutivo Popular), el día 21 por la tarde llegaba a Valencia procedente de Madrid la Junta Delegada del Gobierno de la República, formada por Ruiz Funes, ministro de Agricultura, Martínez Barrios, presidente de las Cortes, y Carlos Esplá y Martín Echevarria, subsecretarios de la Presidencia y Agricultura respectivamente, con jurisdicción en los territorios de las provincias de Valencia, Alicante, Castellón, Cuenca, Albacete y Murcia. En la tarde del día 21 Echevarria para ejercer sus funciones se desplazó al Gobierno Civil de Castellón[32]. Tras normalizarse la situación en los primeros días de agosto esta Junta Delegada se retiró a Madrid dejando todo el poder al CEP.

En Castellón el día 20 de julio el jefe de la Comandancia de la GC ya había ordenado la concentración de fuerzas en esa capital y así se realizó por la noche. El día 22 ya se había decidido formar una columna integrada por guardias civiles y milicianos para ir a Teruel[33]. En nombre del Frente Popular fueron designados Teodoro Albelda para recibir y ordenar las inscripciones de las Milicias Ciudadanas y para instruirlas y mandarlas el capitán Sirera del cuerpo de Artillería, que estaba retirado[34]. El sábado día 25 de julio durante las últimas horas de la tarde se dio la orden para que los milicianos de la Columna de Castellón y su provincia se concentraran en la plaza de Toros, con objeto de estar preparados para la marcha[35]. Poco más tarde se produjo la salida desde la misma ciudad de los miembros de la GC.[36].

El día 26 de julio se consiguió restablecer el tráfico ferroviario de Teruel capital con Zaragoza, después de las huelgas en la ciudad, lo que supuso un importante respiro para los militares sublevados[37].

La columna desde Castellón se trasladó hasta Sagunto, donde el día 26 se juntó con otras fuerzas de milicianos y del Ejército que venían de Valencia, a las órdenes del coronel de Carabineros Hilario Fernández Bujanda, quien tomó el mando de todo el contingente. En Sagunto los miembros de las diferentes fuerzas se hospedaron en las casas de los vecinos[38]. Encontrándose aquí una buena parte de los mandos de la GC que formaban parte del contingente ya tenían una firme decisión de rebelarse militarmente y unirse a los insurgentes de Teruel: "nuestro proyecto seguía siendo acercarnos todo lo posible a Teruel, al objeto de que los milicianos no pudiesen recibir refuerzos a tiempo. A tal fin, decíamos a nuestros enlaces, para que lo comunicasen a las tropas, que tuviesen calma y serenidad"[39].

La columna Fernández Bujanda reanudó viaje hasta Segorbe, donde llegaron a las nueve de la mañana del día 27 de julio. El diputado de IR por Castellón Francisco Casas Salas les estaba allí esperando desde hacía una semana preparando la constitución de esta columna como jefe político. En esta ciudad se les unieron fuerzas de la GC procedentes de Cuenca. El contingente lo formaban ya más de 300 guardias civiles entre los de Castellón y Cuenca, y 600 milicianos[40].

Por su parte, desde Teruel, las fuerzas insurgentes hacían sus incursiones por la provincia: "en un reconocimiento hecho por las fuerzas nacionales, que han llegado hasta Mora de Rubielos y Manzanera, han chocado con avanzadillas de tropa que procede de Castellón; el día 27 un destacamento de guardias civiles sorprende a una columna de catorce coches con milicianos de la FAI que después de saquear muchos pueblos de Guadalajara, han penetrado en Teruel por Orihuela del Tremedal"[41]. La noticia se está refiriendo a la breve incursión de la columna del anarquista Cipriano Mera, formada por quince unidades entre camiones y automóviles de turismo, procedente de Madrid, y que tras pasar por Guadalajara, el 27 de julio llegó por caminos secundarios hasta Orihuela del Tremedal, donde sostuvo un enfrentamiento con fuerzas de la GC y quedó dispersada[42].

Los miembros de la Columna Fernández Bujanda a las ocho de la noche del martes 28 de julio llegaban a Barracas y en su recorrido habían incendiado la iglesia de este pueblo y la de Jérica. Al llegar a la provincia de Teruel se dividieron en dos grupos: uno formado exclusivamente por los milicianos de Castellón, al mando del comandante Luis Sirera y Casas Sala, fueron a Mora de Rubielos; el otro, mandado por Fernández Bujanda, con toda la GC y los milicianos de Sagunto se dirigió a Puebla de Valverde, donde se les unieron guardias civiles procedentes de Segorbe y Valencia, hasta un total de más de 400[43].

La 3ª compañía de la GC, procedente de Castellón, había recibido la orden de hacer una exploración hasta Sarrión, donde pernoctó y aquí se le unió a las siete de la mañana del día 29 de julio el grueso de la columna que había quedado en Barracas y siguieron unidos su camino hasta la Puebla de Valverde; ese mismo día se produjo la sublevación[44].

Según refiere la historiografía franquista "en Puebla de Valverde se unen al hatajo de bandoleros Araujo, catedrático de Instituto, un oficial de Correos apellidado Esteban y otros cuantos bellacos que salieron escapados de Teruel y que describen la ciudad desguarnecida y poseída de pánico, por lo que su conquista será empresa fácil"[45].

Otra versión de los sucesos es la que nos cuenta el miliciano Daniel Claros, conductor del coche del comandante de la GC, que consiguió salvarse[46]: "Con absoluta normalidad y sin disparar un sólo tiro, entre vítores y aplausos de las gentes de los pueblos que cruzábamos a nuestro paso llegamos a Puebla de Valverde, escenario que fue de los sensibles acontecimientos ya conocidos. Alrededor de las cinco de la tarde y en compañía de dos concejales del Ayuntamiento íbamos recogiendo toda clase de armas a los elementos desafectos al régimen. Cuando estábamos realizando estos registros se presentó un grupo de guardias civiles que dijeron ser las únicas autoridades para efectuar registros y no nosotros, a lo que contestamos que puesto que estábamos ya en terreno faccioso y combatientes y defensores de la República, teníamos por lo tanto derecho a tomar esas medidas. Al oír el capitán de la Guardia Civil nuestra réplica, dijo volviéndose hacia los guardias: ¡Ahora!, haciendo sobre el grupo de milicianos una descarga cerrada, de resultas de la cual cayeron sobre los guijarros de la calle unos valerosos muchachos llenos de fervor republicano. A partir de este momento se inició un intenso tiroteo entre los milicianos antifascistas y la ya Guardia Civil facciosa. En las calles de Puebla de Valverde quedaron tendidos 35 cuerpos humanos entre milicianos y republicanos del pueblo. Como consecuencia del combate, la Guardia Civil facciosa hizo 47 prisioneros, figurando entre ellos el capitán Cirera, el diputado Casas Sala y el coronel que mandaba la columna"[47]. El mismo Daniel Claros, que se encontraba huido, el 13 de agosto al llegar a Camarena de la Sierra se encontró con el alcalde, que le dijo "que allí todavía funcionaba el Ayuntamiento republicano, pero que esperaba la llegada de la Guardia Civil de Teruel para recoger a los mozos del reemplazo 33, 34 y 35 que no se habían presentado a filas a la llamada de los rebeldes"[48].

Durante muchos años la versión de la historia oficial fue que tras el pillaje en diversas casas de la Puebla de Valverde y del incendio de la iglesia parroquial se produjo la rebelión de la GC, aunque en realidad el levantamiento de los guardias ya estaba premeditado realizarlo "los guardias civiles, que repetidas veces habían expresado su repulsa por aquellos excesos, y habían pretendido impedirlos, sin ser obedecidos, al ver como ardía el templo parroquial no aguantaron más y se dispusieron a reducir a la partida de criminales, a la que hasta entonces soportaron bien a su pesar. Se insolentaron los milicianos al ser amonestados y pronto se entablo un vivo tiroteo, que creció hasta convertirse en combate. Desconcertados los milicianos no acertaban a organizar su resistencia, y unos a otros se contagiaban el pánico, y así acabaron todos por buscar su salvación en la huída. Dejaron en el campo diecisiete muertos, bastantes heridos y cuarenta y ocho prisioneros. Entre estos figuraba el coronel Fernández Bujanda. También abandonaron veinticinco automóviles". Otra versión precisa que la otra parte de la columna, tras haber liberado Mora de Rubielos y avanzar hacia Teruel con el diputado Casas Sala al frente, encontró a grupos de huidos de Puebla de Valverde, sin querer creer lo que les contaban. El diputado Casas Sala propuso al comandante Sirera adelantarse los dos solos a Puebla de Valverde, como no regresaban, los milicianos "cuando han agotado su paciencia, esperando a dos kilómetros de Puebla el regreso de los jefes, deciden dar por terminada su aventura guerrera y emprenden la huida a toda prisa hacia Castellón". Los escasos guardias civiles que iban en la columna hacia Mora fueron hasta Puebla de Valverde a unirse con sus compañeros[49].

Los guardias civiles sin una sola baja emprendieron en los camiones viaje hacia Teruel, llevaban consigo entre los prisioneros al diputado Casas Sala, el catedrático Araujo y al coronel Fernández Bujanda. Como las noticias sobre la situación que vivía la capital eran confusas los guardias "deciden internarse por los montes del Puerto Escandón y enviar un emisario a la capital para dar cuenta de su situación y de que se hallan dispuestos a sumarse al Ejército alzado contra el Gobierno. Tan pronto como supo la situación de los guardias, el comandante Aguado encargó al comisario de Policía don Luis Martínez Casabona saliese en busca de aquellos". Más de una hora costó el reunir a todos los que se habían dispersado por los montes. Eran en total 411 los guardias civiles y 47 los prisioneros[50].

Para el devenir futuro de Teruel los guardias civiles de Puebla de Valverde supusieron un considerable refuerzo, "las autoridades militares de Teruel pasan de la angustia y apuros en que se hallaban la víspera a sueños de opulencia". Éstos serían los guardias civiles que tomarían más tarde parte contra el avance de la Columna de Hierro y que intervendrían entre otros en el combate para la toma de Villel a partir del día 14 de agosto. A la capital también afluían sin cesar evadidos desde los diferentes pueblos de la provincia lo que supuso un importante auxilio. Habría que añadir la llegada de unos requetés desde la capital aragonesa, que fueron acogidos con entusiasmo por la población turolense[51].

Joaquín Gil nos cuenta lo que ocurrió con los milicianos apresados: "Llegamos a Teruel y lo primero que hicieron los rebeldes fue sacar a los detenidos y entregarlos a sus dirigentes, los cuales decretaron el que fuesen muertos, como así se cumplió. Antes de abandonarme los guardias, bajo pena de muerte, me prohibieron el que abandonase el coche, pero yo, sin hacerles caso, me escapé y estuve escondido en Teruel cuatro días en casa de un amigo. En mi encierro voluntario me enteré de que mis catorce compañeros, así como los cuatro chofers, más veintisiete detenidos de la columna, en un camión fueron llevados nuevamente a Puebla de Valverde y fusilados a las puertas del cementerio de aquel pueblo"[52].

Como bien ha estudiado Ángela Cenarro, en una buena parte de la bibliografía que han tratado el tema omiten la represión y los fusilamientos, sólo aluden a las detenciones de Fernández Bujanda, Casas Sala y otros hasta un total de 47, y al hablar de los muertos apuntan unos 50 o 60 y varios heridos como resultado del combate. La ocasión también conllevó la realización de los primeros consejos de guerra celebrados el día 31 de julio contra Fernández Bujanda y Casas Sala, ambos aparecen inscritos en el Registro Civil de Teruel como fallecidos[53].

Según el testimonio del chofer Daniel Claros, detenido en Teruel, tras los sucesos de Puebla de Valverde, junto a su "celda estaban el diputado por Castellón Casas Sala y el coronel de Carabineros que mandaba la columna. El día primero de agosto, sobre la una de la tarde, se presentó el teniente coronel fascista de la Guardia Civil con varios números a sus órdenes, dándoles a conocer que habían sido sentenciados a muerte. Seguidamente me sacaron del calabozo pasando a ocuparlo el señor Casas Sala. A las siete de la tarde del día 1 de agosto sacaron esposados a Casas Sala y al coronel para ser fusilados. En el momento de salir oí estas palabras del coronel de Carabineros: «Digan a mi esposa que muere sin comulgar un caballero cumpliendo su palabra de honor y de lealtad a la República»"[54].

El día 30 de julio el comandante Francisco Ríos Romera que estaba al frente de las compañías de la GC de Castellón integrantes de la columna, al parecer con remordimientos por la rebelión de sus guardias civiles en la Puebla de Valverde, decidió quitarse la vida. "A las once de la mañana, se celebró en la Normal un acto de confraternidad y compañerismo entre la fuerza de aquella columna y la de Teruel. Había que dar lectura a unos telegramas del general jefe de la División de Zaragoza felicitando a la Benemérita sublevada en Puebla. El jefe de la Comandancia arengó a la tropa, terminando el acto con vivas a España, al Ejército y a la Guardia Civil. Cuando la oficialidad se disponía a marchar al Hotel Aragón para celebrar en comida de hermandad el fausto suceso de Puebla, y cuando menos se esperaba, sonó un tiro, como disparo de pistola. El comandante Ríos se había suicidado en la esquina de uno de los pabellones de la Normal"[55].

Los compañeros de los guardias civiles que se habían rebelado en Puebla de Valverde y que habían quedado en Castellón por orden del gobernador civil fueron trasladados en un barco a la ciudad de Alicante y las familias de los guardias expulsadas de los cuarteles[56].

LA COLUMNA DE HIERRO

El día 1 de agosto para reforzar las posiciones de retaguardia desde Valencia salió una nueva columna hacia Segorbe[57], donde se juntó con otra procedente de Castellón[58]. La marcha definitiva a Teruel de estos contingentes se retrasaría hasta la llegada unos días más tarde de la Columna de Hierro[59].

Varios grupos de milicianos que habían realizado un ataque sobre Calamocha el día 3 de agosto fueron dispersados [60]. El 4 de agosto los insurgentes desde Teruel se dirigieron de nuevo sobre Utrillas con seis camiones de fuerzas, en total 200 hombres, al mando del comandante Aguado, con intención de tomarla. En Pancrudo atacaron y rindieron a la guardia que vigilaba la entrada de la población, llegaron hasta Viver del Río y dominaron esta zona, pero ante la amenaza de los de Utrillas tuvieron que desistir del ataque. Otra expedición llegó a Mora de Rubielos y detuvo al alcalde y otros significados dirigentes[61].

Otra columna, la de Martínez Peñalver el día 6 de agosto había ocupado Muniesa, con intención de entrar en Belchite, donde la GC resistió 18 horas. El 6 de agosto la guarnición de Teruel fue reforzada con una batería del 9º Regimiento Ligero de Artillería procedente de Zaragoza y con una centuria de Falange de Calamocha. Una columna de los insurgentes al mando del comandante Blasco se había establecido en Cariñena el día 7 de agosto, con la misión de defender la carretera Zaragoza-Daroca. Al día siguiente Aguado salió de Teruel para recuperar Muniesa, se le unieron campesinos de Alfambra y Perales de Alfambra, pero al llegar a Vivel del Río ante una fuerte resistencia tuvo que volver de nuevo a la capital. Tras seguir por Moyuela puso sitio a Belchite que padeció el día 9 un fuerte ataque[62].

El día 8 de agosto había sido designado comandante militar de Teruel el coronel de Infantería Antonio Civera Ayxemus, y al llegar a la ciudad recontó los efectivos para la defensa de la plaza, eran éstos: 100 falangistas de Calamocha y de Teruel, 270 hombres de Acción Ciudadana y 500 más entre guardias civiles, de asalto y soldados, y una batería del 10,5. En Teruel, el día 9 de agosto, el coronel Antonio Civera publicó una orden sobre organización de los servicios a realizar[63].

Los efectivos de la Columna de Hierro al parecer empezaron a trasladarse hacia Teruel de manera escalonada a partir del día 8 de agosto. Según Abel Paz en el primer mes llegaron a inscribirse a la columna unos 12.000 milicianos, de los cuales sólo pudieron armar a unos 3.000[64].El mayor contingente salía el 10 de agosto de la ciudad de Valencia y llegaba hasta Segorbe[65].

En Barracas, mientras una parte de la columna de Hierro, la que formaban los milicianos de Castellón se desplazaba a la zona de Rubielos de Mora, la otra parte constituida por los de Valencia se dirigieó a Sarrión[66]. Según la narración de Francisco Montalbán, miliciano de esta columna, salió de Valencia el día 11 de agosto a las 7 de la tarde. Tras llegar a la Estación de Rubielos de Mora en Albentosa, los recibieron a tiros, tras la correspondiente respuesta, vieron huir a doce guardias civiles y tras un posterior tiroteo consiguieron que se rindiesen[67].

Tras haber salido de Barracas, donde estaba el cuartel general, a las cinco de la tarde del día 11 de agosto la Columna de Hierro tomaba sin resistencia la población de Sarrión. Al atardecer una columna al mando de Virgilio Aguado con fuerzas de la GC desde Teruel se acercó hasta Sarrión pero decidió retirarse si apenas intervenir[68]. Ese mismo día llegaron a Barracas en un viaje especial del ferrocarril otros 600 nuevos expedicionarios para reforzar la columna[69].

Desde el Ayuntamiento de Teruel, el día 13 de agosto se instaba a todos los turolenses entre los 15 y los 60 años a inscribirse para la prestación de servicios. Ese mismo día el nuevo comandante de Teruel, Antonio Civera Ayxemus, recién llegado de Zaragoza organizó dos contingentes militares para atacar a la Columna de Hierro en Sarrión: una al mando del comandante Virgilio Aguado constituida por dos secciones tácticas de la Compañía de Voluntarios de 30 hombres cada una, 60 falangistas de Calamocha y 25 guardias de Asalto, con una sección de ametralladoras; y otra mandada por el comandante de la GC José Pérez del Hoyo, formada por 100 guardias civiles, con su sección de Ametralladoras y 40 falangistas de Teruel. Con el resto de las fuerzas instaló retenes y controles en los accesos a la plaza de Teruel. Este ataque tenía por misión demostrar al enemigo que no se estaba a la expectativa. Se planearon unas operaciones, las columnas de Aguado y Pérez del Hoyo marcharían hacia Puebla de Valverde. Desde allí Pérez del Hoyo debía dirigirse a Mora de Rubielos y cortar la retirada a los miembros de la columna en caso de huida. Aguado, partiendo de Puebla de Valverde por la carretera de Valencia, debía atacar Sarrión por el Oeste. Para apoyar el avance colocarían la batería del 10,5 a unos 4 km de Sarrión. A las ocho de la mañana establecieron contacto con la Columna de Hierro, tras un combate a lo largo de toda la mañana éste se desequilibró a las trece horas cuando apareció la aviación republicana que desconcertó a los nacionales. Iniciaron un movimiento envolvente sobre las fuerzas de Aguado y no les quedó otro recurso que el repliegue, "la operación ha costado a los nacionales cincuenta bajas entre muertos, heridos y desaparecidos. Ha muerto el comandante Aguado", el comandante Pérez del Hoyo cayó también herido, en "aquella noche en Teruel las horas son angustiosas. No han sido muchas las bajas producidas en el ataque de Sarrión, pero todas son de gente conocida en la ciudad y sus familiares corren de un lado a otro, inquiriendo noticias. Ha caído el ingeniero de Caminos don Cesar Luaces, padre de siete hijos y una de las figuras más relevantes del Movimiento en Teruel. Teruel siente gravitar el paso de las columnas que se preparan a caer sobre ella". En el enfrentamiento los insurgentes que se habían dirigido a Mora perdieron las dos únicas ametralladoras que tenían en Teruel[70].

Otra versión del enfrentamiento con detalles de gran interés es la que nos ofrece la prensa valenciana[71]. El número de muertos y heridos que se produjeron en la batalla de Sarrión varía según las fuentes. Según El Mercantil Valenciano el bando de los insurgentes tuvo 43 muertos y varios heridos, y la Columna de Hierro 4 muertos y 27 heridos[72]. Otra fuente dice que fueron 50 las bajas entre muertos, heridos y desaparecidos[73]. Por su parte el Heraldo de Castellón afirma que hubo 66 muertos entre los sediciosos y 3 muertos y 15 heridos de la columna[74]. El resultado no pudo ser peor para los sublevados de Teruel pues aparte de las bajas humanas perdieron dos camiones de los usados por Asalto, un autobús de línea, un coche ligero, seis ametralladoras, más de cincuenta fusiles y otras tantas pistolas[75]. La huida camino de Teruel para los nacionales fue desesperada y tras dirigirse a Mora de Rubielos, asesinaron a un telegrafista, aunque la causa de su muerte varía según las fuentes[76].

La victoria obtenida por los milicianos en Sarrión les animó y la guerrilla «Drácula» integrada por elementos de la CNT y FAI conquistó la misma tarde sin resistencia el pueblo de Rubielos de Mora. Intervinieron en esta acción presos de la cárcel de San Miguel de los Reyes, que formaban parte de la columna; terminada la requisa en los domicilios de destacados elementos de derechas de Rubielos, hicieron entrega a sus dirigentes de grandes cantidades de dinero y valiosos objetos de arte y joyas[77]. Tras la toma de esta población, miembros del grupo de «La Desesperada» se desplazaron en tres automóviles a Castellón "entregando a los dirigentes del Frente Popular varios objetos del culto de conventos e iglesias, valorados en un centenar de miles de pesetas, para su debida custodia, ya que allí corrían peligro de desaparecer. También han requisado un retablo de mucho valor que no han podido traer". Regresaron a Rubielos aquella misma noche[78].

La depresión moral entre los sitiados en Teruel fue tan grande que el presidente de la Diputación Provincial y el alcalde cursaron al jefe de la 5ª División un dramático telegrama solicitando ayuda[79].

El coronel Civera articuló la defensa con los escasos elementos de que disponía, colocando fuerzas en la carretera de Valencia en Sarrión, en la carretera de Aliaga en Corbalán, y en la carretera de Cuenca en Torrebaja. Estableció varias líneas de contención, la 1ª organizada en el Puerto Escandón que cerraba el acceso por la carretera de Valencia en el km. 12; otra en los Baños y Corbalán sobre las carreteras de Alcañiz y Aliaga; una tercera en San Blas sobre la carretera de Valdecuenca; otra en los estrechos de Vivel del Río sobre la carretera de Cuenca. Estableció además puestos avanzados con efectivos en Villaespesa, Aldehuela, Cubla, Castralbo, Valdecebro y Campillo. Mandó obstruir las carreteras y caminos con árboles, volar puentes, construir trincheras en las afueras de la ciudad, cerrar caminos y calles con barricadas, disponer el almacenamiento de vituallas y habilitar viviendas y refugios[80].

El día 15 de agosto el Sindicato de Industrias Graficas instaló una imprenta en un autobús para editar diariamente una hoja oficial de la Columna de Hierro. A mediodía se hizo un acto en Rubielos de Mora en el que se procedió al reparto de los juguetes, encontrados en casa de los Igual, que fueron sorteados entre los niños pobres de la localidad. Esos días se sucedieron los bombardeos: "Los milicianos y el pueblo han vitoreado a la «Gloriosa» con fervor y minutos después nos enteramos que los pilotos Cristiá, Franco, Naranjo, Ferrer y Azcona, así como los observadores Casademunt y Bengoechea, han bombardeado con eficacia Mora de Rubielos, Puebla de Valverde, el Puerto de Escandón y Teruel, en donde han colocado con matemática precisión dos bombas de las de cincuenta kilos en el Seminario, refugio de los rebeldes"[81].

El domingo día 16 de agosto los grupos de los «Drácula» y «La Desesperada» de la Columna de Hierro llegaron a Mora de Rubielos, donde apenas encontraron resistencia para tomar esta población y la de Nogueruelas[82]: "haciendo un alarde de valor y siguiendo su marcha de avance, esta mañana enfilaron sus coches hacia Mora de Rubielos y en un total de 23 hombres, tomaron los sitios estratégicos, y en pocas horas el peligro de Mora desapareció, ondeando la bandera antifascista en lugar que momentos antes ocupaba la bandera fascista de los rebeldes"[83].

De Castellón y Valencia con destino al frente de Teruel habían salido entre los días 16 y 17 de agosto unos 2.500 milicianos[84]. Tras las conquistas de Rubielos y Mora, miembros de la Columna de Hierro consiguieron el día 17 recuperar la Puebla de Valverde[85].

El día 18 de agosto una avanzadilla de la columna y una comisión nombrada entre sus vecinos proclamó el comunismo libertario en Mora de Rubielos, dice la crónica periodística: "Recorriendo sus calles, al llegar a la plaza principal, topamos con el alguacil, que se dispone a pregonar un bando del Comité proclamando el Comunismo Libertario. La implantación del comunismo libertario suponía la requisa de las casas de los ricos más señalados. El bando que copiamos, dice así: "Todo el personal del pueblo, hombres y mujeres, se pondrán al servicio de los camaradas delegados armados para el servicio de la Comunidad, procurando traer todo lo de utilidad al castillo. Todo aquel que precise alguna cosa, será atendido. Queda abolido el dinero y proclamado el Comunismo Libertario en este pueblo. El Comité. Mora de Rubielos, 18-8-36". La gente aplaude el bando con entusiasmo. Anotemos que no hay mucha. Con la irrupción de los facciosos, huyeron los hombres de izquierda, con la de nuestros luchadores, los de derechas. El pueblo está por la mitad"[86]. Ese mismo día se saquearon las casas de las personas más destacadas de la derecha en la población.

Las posiciones próximas a Teruel sobre todo las del Puerto Escandón fueron fuertemente atacadas el 18 de agosto por grandes contingentes. De Zaragoza llegaron a Teruel algunos refuerzos, la Compañía de Carros de Combate nº 2 y 190 hombres de la Bandera de Sanjurjo, que se había creado allí recientemente; con ello el Puerto Escandón quedó guarnecido con 300 hombres y una sección de Artillería del 10,5, que resistieron los ataques. La posición de Vivel quedó guarnecida con otros 300 hombres y otra sección de Artillería, las de Corbalán y los Baños con 100 hombres y la de San Blas con 150[87].

El pueblo de Alcalá de la Selva cayó el día 19 de agosto en manos del grupo de «Los Vengadores» de la Columna de Hierro al parecer tras un intenso tiroteo[88].

El día 22 de agosto se preparaba el avance para la toma de la Puebla de Valverde; para ello se desplazaron fuerzas de la Columna de Hierro desde Sarrión y Mora, al mando de Pancho Villa, y llegaron a la Puebla a las doce y media[89].

En la mañana del domingo día 23 de agosto, fuerzas del ejército y milicias avanzaron hacia Puerto Escandón, protegidas por la aviación al mando del capitán González Boada, que se dedicó durante toda la mañana a bombardear los convoyes del enemigo y consiguió tomar su objetivo. Se apoderaron de abundante material de guerra. Luego el grueso de la columna avanzó desde Sarrión, al mando del comandante Pérez Salas, entrando en Puerto Escandón[90].

En los días siguientes, la Columna de Hierro, tras fortificar el Puerto Escandón, continuó su avance, situándose en lugares próximos estratégicos[91], preparándose convenientemente para una acción conjunta con las otras columnas[92].

El día 26 de agosto desde Zaragoza llegaron a Teruel para mejorar su defensa nuevos refuerzos: cuatro compañías de fusiles, dos secciones de ametralladoras, cuatro falanges, un escuadrón, dos piezas de 75 mm. y una sección de zapadores[93].

LA COLUMNA PEYRE-URIBES

El domingo día 9 de agosto salió de Valencia para atacar Teruel por el Suroeste una columna integrada por 200 milicianos del Partido Comunista; en la madrugada del martes, se unió a ella una segunda columna de 300 milicianos. La primera columna quedó estacionada, en espera de refuerzos, en el pueblo de Aras de Alpuente, en el límite de la provincia de Valencia con la de Teruel. A su llegada, el alcalde reunió a las mujeres para que atendieran a los milicianos y se ocuparan de su manutención y hospedaje. Escrich, uno de los oficiales les pedía que respetaran las casas en donde iban a ser hospedados y las imágenes religiosas que pudieran encontrar en las mismas[94].

Entre el 9 y el 10 de agosto con el avance de esta columna de milicianos, fueron realizando el cambio de autoridades en los ayuntamientos conforme fueron tomando las poblaciones. Los miembros del Batallón «Les Germanies», organizado por el Partido Comunista, se encontraba en Aras de Alpuente esperando que se incorporase la columna que al mando de Uribes[95] había salido por Utiel, para juntos iniciar su avance sobre Teruel. Después de colocar algunas ametralladoras y destacamentos de vigilancia en algunos cerros, se dirigieron al primer pueblo de Teruel, Arcos de las Salinas, que estaba ocupado por los insurgentes, pueblo que ocuparon destituyendo al Ayuntamiento y colocando en sus puestos a los concejales anteriores del Frente Popular, y donde detuvieron a algunos elementos de la derecha. Después ocuparon los pueblos de Torrijas, Las Dueñas y los Cerezos (Manzanera)[96].

El teniente coronel Primitivo Peyre, jefe del Batallón de Ametralladoras, el día 11 de agosto, acompañado del capitán Martín Calvo, al haber recibido la orden de dirigirr esta nueva columna y ponerse al frente de la misma, había regresado a Castellón después de mantener una entrevista en Valencia con Ernesto Arin, el nuevo gobernador civil, y con Cortés Dapiña y Gómez Hidalgo, diputados del Frente Popular[97]. El teniente coronel Peyre y el capitán Calvo el día 12 de agosto, tras permanecer dos días en Castellón, se despidió de las autoridades para incorporarse a su columna[98].

La fracción comunista de esta columna editaba un periódico propio llamado Ofensiva que se publicaba diariamente. Para esta misión marchó al frente de batalla un camión con los medios necesarios para su edición[99].

Esta columna formada por milicianos de IR y del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), tras haber salido de Utiel el día 15 y avanzar por el Rincón de Ademuz, llegaron el día 17 de agosto a Salvacañete donde pernoctaron. Sigue la crónica del diario: "Prosiguieron luego su marcha hasta Torrebaja, último pueblo leal a la República, y desde aquí comenzó el avance por dos puntos distintos. Se destacó una compañía de milicianos del POUM que atacó Torrealta, y otra de Izquierda Republicana que avanzó hasta Mas de Jacinto, a 32 kilómetros de Teruel"[100].

Desde Torrebaja, punto inicial de las operaciones, salieron el día 20 de agosto dos compañías de la Columna Uribes que tomaron sin lucha los pueblos de Libros, Tramacastiel, en el que fue depuesto el ayuntamiento fascista y repuesto el republicano; El Cuervo, Beguilla y Castielfabib y se prepararon para el ataque y la toma de Villel. El día 21, miembros de la Columna Peyre-Uribes siguieron tomando, a la derecha del río, Cascante, Cubla y Banacloche, como posiciones envolventes y de limpieza de los alrededores de Villel. Simultáneamente, cinco compañías, al mando de Rochina, de ellas cuatro comunistas y una de POUM, con guardia civil, infantería, artillería y un tanque, despejaban las colinas, situándose en las avanzadas de Villel por el lado de la carretera, mientras un batallón de IR avanzaba por la orilla derecha del río y se colocaba entre éste y Cascante, tomando posiciones en la parte opuesta del pueblo. Al amanecer se apoderaron de Masía del Campo. Cuatro compañías comunistas, con morteros, se situaron entre Rubiales y Villel, y a las siete de la mañana iniciaban la ofensiva sobre esta última población[101].

El sábado día 22 de agosto, por la mañana, los insurgentes enviaron refuerzos desde Teruel, que llegaron a Villel en trece camiones. A las diez, los milicianos al mando de Morales, Miralles y Fabregat, y protegidos por el fuego de la columna derecha del poblado, entraron en Villel por la parte que mira hacia Teruel, tomando la estratégica población.La prensa comunista se hizo amplio eco de la toma de esta población[102]. En algunos pueblos la resistencia había sido escasa, por no decir nula; pero en otros, en cambio, las fuerzas leales habían tenido que batirse duramente[103].

En los últimos días de agosto el teniente coronel Peyre con la colaboración del gobernador civil de Cuenca formó una pequeña columna de guardias nacionales y milicianos de la misma provincia, reforzada por milicias de Valencia, al mando del comandante Beltrán, entró en Valdecuenca y después de cruzar la sierra de Albarracín a las ocho de la mañana tomaron el pueblo de Bezas. Después, fuerzas al mando del comandante Beltrán se desplazaron hasta Llanosar, a seis kilómetros de Bezas, a mitad de camino hacia Campillo, a solo 7 km de Teruel. Finalmente tomaron el pueblo de Llanos del Campillo. En Bezas se siguió la política habitual de destituir el ayuntamiento constituido por los insurgentes y nombrar una nueva comisión con representantes de las fuerzas republicanas: "Acto seguido, y después de haberse informado bien, el comandante Beltrán, como jefe de las fuerzas que se posesionaron de Bezas, dejó nombrado el Comité Ejecutivo Popular, integrado por todas las organizaciones de izquierda allí existentes"[104].

LA COLUMNA TORRES-BENEDITO

En Castellón, el 10 de agosto, en el cuartel que ocupaba el batallón de Ametralladoras empezaron a reunirse milicianos de la CNT procedentes de Valencia para formar una columna que había de dirigirse a Teruel la futura Torres-Benedito[105].

Desde hacía días se estaban concentrando en Castellón milicianos de la CNT de Valencia, pertenecientes a las organizaciones obreras del Grao y del Cabañal para formar esta nueva columna, esperando las órdenes para poder dirigirse a Teruel. El día 15 de agosto habían marchado a las inmediaciones de Benicasim para realizar ejercicios de táctica militar[106].

El delegado político Domingo Torres y el teniente de Artillería José Benedito como técnico militar, salieron definitivamente de Castellón el día 19 de agosto con su columna, llamada en su honor Torres-Benedito. En Albocácer se les agregó un regimiento de Caballería[107], atravesaron la provincia de Castellón, pasando por Alcalá de Chivert, Cuevas de Vinromá y Albocácer hasta llegar a Villafranca del Cid donde pernoctaron la primera noche. Atravesaron la provincia de Teruel por el Noroeste; la columna se dirigiría en días sucesivos a la Iglesuela del Cid, Cantavieja, Fortanete, Villarroya de los Pinares, Allepuz, Monteagudo del Castillo y Cedrillas, para caer sobre Corbalán y ocuparlo el día 22, llegando así muy cerca de la capital[108].

El día 20 de agosto la Columna Torres-Benedito salió de Villafranca del Cid y se dirigió a Cantavieja y Fortanete donde pernoctaron. El día 21 de agosto tras salir de estas poblaciones, la columna del flanco derecho se dirigió por la carretera de Teruel, recuperaron Villarroya de los Pinares, y después tomaron la población de Allepuz lo que consiguieron a las dos y media de la tarde. Los únicos obstáculos que encontraron fueron sólo algunos árboles y bloques de piedra en la carretera para impedir el paso. Tras la llegada del Estado Mayor las fuerzas pernoctaron en aquella población[109].

Una nueva expedición de milicianos de Valencia, que estaban concentrados en Castellón, partieron el día 21 en un tren especial con dirección a Alcalá de Chivert, desde donde continuaron el viaje en camión para unirse a la columna de Torres-Benedito[110]. Desde Valencia, ese mismo viernes de madrugada, formando una pequeña caravana de siete motoristas y algunos automóviles salieron para incorporarse a su Estado Mayor el coronel Velasco, Alfonso Miguel y algunos periodistas; a través de la carretera de Barcelona, pasaron por Castellón, Cuevas de Vinromá, Villafranca del Cid, donde les recibieron los milicianos que estaban al mando de Tronchoni, y siguieron hasta Cantavieja, donde se pusieron en contacto con el teniente Benedito que se hallaba al frente de la columna[111].

La noche del día 21 se reunieron los comités de las tres columnas que estaban operando en el frente de Teruel, y acordaron el modo de avanzar para conquistar la capital[112].

El día 22 de agosto la Columna Torres-Benedito desde Allepuz, tras pasar y apoderarse de Monteagudo del Castillo y Cedrillas, llegó hasta Corbalán y consiguió tomarla[113].

El día 23 de agosto para intentar contener el avance de las columnas que ya parecía inminente se recibieron importantes refuerzos en Teruel: una compañía de fusiles y una sección de ametralladoras del Regimiento de Carros nº 2 como efectivos humanos y una batería del 9º ligero como armamento[114].

EPILOGO

Por estas fechas a finales de agosto de 1936 acababa la primera fase de la guerra en esta parte de Aragón. La provincia de Teruel quedó dividida por el frente, los insurgentes perdieron completamente los partidos judiciales de Valderrobres, Alcañiz, Hijar, Castellote, Aliaga y Mora de Rubielos y quedaron repartidos entre ambos bandos los de Montalbán, Albarracín y Teruel. Con los militares sublevados quedó íntegro el partido judicial de Calamocha. Aunque el frente experimentó algunos cambios hasta finales de 1936, esta línea se mantuvo prácticamente inalterable hasta la toma de Teruel por los republicanos en enero de 1938, si bien algunos pueblos de la sierra de Albarracín fueron recuperados por los nacionales a lo largo de julio y primeros días de agosto de 1937. En ambas zonas iban a producirse importantes transformaciones en la sociedad[115].

La ciudad de Teruel estaba tan escasa de fuerzas durante estos meses que su dependencia de Zaragoza no se limitó a las órdenes militares sino también a recibir de ella armas y hombres. A finales de este mes la prensa nos informa del envío de aviones desde la capital aragonesa para combatir la columna que se había extendido por la sierra de Gúdar[116]. El día 30 de agosto llegaban nuevos refuerzos humanos: 300 hombres de la bandera Sanjurjo, 150 de Caballería y 250 del Regimiento de Aragón. La grave situación por el dominio de la aviación republicana obligó a reforzar la guarnición de Teruel a la vez que se hacía cargo del mando el coronel Muñoz Castellanos, quedando el coronel Civera de 2º jefe[117].

La situación de los milicianos acampados en los alrededores de Teruel fue la impaciencia, esperar y esperar para el ataque definitivo sobre la capital que no llegaba nunca y que no se produciría hasta diciembre de 1937. "En Sarrión estamos ya varios días inactivos, retozando. Esto empieza a cansar. Siempre los mismos horizontes ante nosotros. Pasamos las horas y los días quietos, ante un objetivo clavado en las montañas que tenemos delante. ¡Teruel! La columna vibra de impaciencia "¿Por qué no avanzamos? ¿Cuando llega la Artillería?"[118].


[1] SAFÓN SUPERVÍA, Agustín; SIMÓN RIERA, José Daniel, Valencia 1936-1937, una ciudad en guerra, Delegación de Cultura Ayuntamiento de Valencia, Valencia, 1986. p. 17-18.

[2] "¡Atención ...!" "Esperamos que todos lo suscriptores continuaran recibiendo nuestro periódico rejuvenecido, con el mismo interés. En caso contrario, lo creeríamos un sabotaje al nuevo orden de cosas, a nosotros y a la República". La Voz Valenciana (26-8-1936), p. 1.

[3] Los insurgentes acusaban de haber organizado la manifestación a Gregorio Vilatela, jefe de Izquierda Republicana, Germán Araujo y Joaquín Andrés, catedráticos de Instituto, Pedro Fabré, alcalde de la ciudad, y a Ramón Segura, presidente de la Diputación, vid. Historia de la Cruzada Española, Ediciones Españolas, S.A., Madrid, 1941, vol. IV, p. 237.

[4] En Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 237, al referirse a Mariano García Brisolara dan equivocado su segundo apellido como Brisolany.

[5] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, pp. 237-238.

[6] GRACIA, Vicente, Aragón, baluarte de España, Librería General, Zaragoza, 1938, p. 166, BEA, Alonso, Ecos de la gesta de Teruel, El Noticiero, Zaragoza, 1940, p. 20; Couceiro, José, Hombres que decidieron (17 a 22 de julio de 1936), Ed. Rollán, Madrid,1969, p. 287, Martínez Bande, José Manuel, La invasión de Aragón y el desembarco en Mallorca, Librería Editorial San Martín, Madrid, 1970, p. 45, CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza: fascismo y guerra civil en la provincia de Teruel (1936-1939), Instituto de Estudios Turolenses, Teruel, 1996, p. 45. Por su parte Fueyo, Amador del, Héroes de la Epopeya. El obispo de Teruel, Ed. Amaltea, 1941, pp. 96-97, afirma que García Brisolara transfirió el encargo a Aguado.

[7] El texto del bando completo enviado en telegrama desde Zaragoza dice así: "Declarado el estado de guerra en todo el territorio de mi jurisdicción y destituida la autoridad gubernativa de la provincia, he tenido a bien disponer:

1º Quedan suspendidas las actuales Comisiones Gestoras, y para sustituirlas serán designadas personas adictas al régimen republicano, con exclusión de los que militen en partidos extremos.

2º La Guardia Civil se cuidará de hacer estas sustituciones en todos los pueblos de la provincia.

3º En el plazo de una hora entregarán en los cuarteles de la Guardia Civil todas las armas que posean. Pasado dicho plazo, todo aquel a quien se hallare un arma en su poder será juzgado en juicio sumarísimo, con arreglo a lo que previene el Bando de declaración de estado de guerra". Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, pp. 238-239.

[8] Según SMYTH, Terence M., La CNT al País Valencià 1936-1937, Tres i Quatre, Valencia, 1977, p. 28, la derecha en algunas poblaciones como en Mora de Rubielos y Sarrión expulsó a los más destacados de izquierdas durante los primeros días del conflicto, aunque este proceso se invirtió poco después.

[9] El bando mandado pegar por el gobernador había sido publicado ese mismo día 19 en el Boletín Oficial de la Provincia de Teruel y recogía una declaración del estado de alarma, vid. CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. p. 45. Igualmente Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 238.

[10] Sánchez Brun, Gaudioso J., Instituciones turolenses en el franquismo, 1936-1961. Personal y mensajes políticos, Instituto de Estudios Turolenses, Teruel, 2002, p. 64, cita un artículo de Perales, Arsenio titulado 18, 19 y 20 de julio en Teruel publicado en Lucha , (18-1-1937), según el cual se presentaron aquella tarde 51 individuos, de los cuales 32 eran de Falange.

[11] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 238, 240.

[12] CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. p. 46.

[13] Según Lucha (18-7-1937) citado por CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. pp. 47-48. Una nueva versión de los hechos nos la ofrece Joaquín Gil Gil, miembro del Comité Provincial de Teruel: "El día 20 de julio, a las once de la mañana, nos personamos en el Gobierno Civil de Teruel todos los elementos que formábamos el Comité Provincial del Frente Popular, requiriendo al gobernador para que nos diese armas a los componentes de las agrupaciones de izquierdas, ya que conocíamos las intenciones del teniente coronel del Ejército y del comandante de la Guardia Civil. Intenciones que conocíamos desde el día anterior, cuando vimos que se colocaba el bando por el cual se declaraba el estado de guerra en Teruel y su provincia. El gobernador nos contestó que no podía acceder a nuestro deseo por carecer de armas, y que tratásemos de adquirirlas en otras provincias, pues le constaba que tanto la Guardia Civil como las fuerzas de Asalto estaban de parte del Gobierno. No satisfechos con su contestación le pedimos autorización para detener al comandante y al teniente coronel citados, oponiéndose a ello, pues nos manifestó que iba a hacerlo por su cuenta", relato publicado en El Mercantil Valenciano (18-8-1936), p. 1.

[14] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 239.

[15] Estaban entre otros Gregorio Vilatela, Ramón Segura, presidente de la Diputación, Pedro Fabré, alcalde de Teruel, un coronel de la GC y algunos miembros de la CNT y de la Casa del Pueblo, vid. CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. p. 46. Gregorio Vilatela candidato del Frente Popular elegido en las elecciones de febrero fue trasladado a Zaragoza y fusilado, vid. Casanova, Julián, Anarquismo y revolución en la sociedad rural aragonesa, 1936-1938, Madrid, 1985, pp.84-85. Fueron también detenidos Joaquín Muñoz, Ildefonso Manuel Gil, Joaquín de Andrés director del Instituto de Enseñanza Media, José Soler director de la Escuela Normal así como muchas mujeres entre ellas Mercedes Vega, inspectora de Hacienda vid CEnarro Lagunas, Ángeles, El triunfo de la reacción: fascistas y conservadores en Teruel, en CASANOVA, Julián; CEnarro, Ángeles; Cifuentes, Julita; Maluenda, Mª Pilar; Salomón, Mª Pilar, El Pasado oculto. Fascismo y violencia en Aragón (1936-1939), Siglo XXI Editores, Madrid, 1992, p. 178. Joaquín Gil Gil testigo directo de estos sucesos nos narra su visión: "Más tranquilos, nos dirigimos al local de Izquierda Republicana, y cual no sería nuestro asombro cuando a los diez minutos escasos vimos que se rodeaba nuestro local social por fuerzas de la Guardia Civil y de Asalto, y trataron de detener a los diecinueve componentes del Comité Provincial del Frente Popular. Las citadas fuerzas detuvieronlos a todos menos a mi, que logré escapar tirándome desde una ventana de más de diez metros de altura. Después me he enterado que mis compañeros de Comité fueron fusilados días después. A continuación de la detención del Comité los facciosos simularon la detención del gobernador. Y digo simularon, porque al siguiente día la fuerza acompañóle a él y a su familia a coger un autobús de viajeros en dirección a Zaragoza", vid El Mercantil Valenciano (18-8-1936), p. 1.

[16] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 239.

[17] Para la alcaldía nombraron a José Maicas y para la presidencia de la Diputación a Manuel Hinojosa Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 239.

[18] Fragua Social (3-10-1936) y (13-1-1938).

[19] CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. p. 50. Según Sánchez Brun, Gaudioso J., Instituciones turolenses en el franquismo ... , op. cit. p. 64. En Alcañiz dos escuadras llegadas de Zaragoza acompañadas de soldados se unieron a los falangistas de la localidad, formaron una manifestación de 500 personas y liberaron de la cárcel a Jesús Muro y José Sainz y se incautaron del Ayuntamiento, destituyendo a los antiguos concejales; hechos similares se repitieron en buen número de municipios en el Bajo Aragón.

[20] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 239, también Sánchez Brun, Gaudioso J., Instituciones turolenses en el franquismo ... , op. cit. p. 64.

[21] El día 25 el personal ferroviario volvió al trabajo y el 27 lo hicieron el resto de los huelguistas Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 239, CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. p. 49.

[22] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 239.

[23] CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. p. 50. Simoni, Encarna y Renato, La colectivización de un pueblo aragonés durante la guerra civil española, 1936-1937, Centro de Estudios Bajoaragoneses, Alcañiz, 1984, pp. 103-104.

[24] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 240.

[25] "Desde Calaceite que fue la primera plaza que incorporó a la República la Columna de Tarragona, el espíritu de conquista ha ido en aumento, logrando entrar triunfalmente en Alcañiz, Hijar, Puebla de Hijar, Albalate del Arzobispo, Alcoriza [sic], Montalbán, la Zaida, Azaila, Oliete y Lecera, dominando de esta forma gran parte de la provincia de Teruel y cubriendo de esta manera el flanco izquierdo de las fuerzas que presionan sobre Zaragoza". UGT-CNT (11-8-1936), p. 5.

[26] Martínez Bande, José Manuel, La invasión de Aragón ... , op. cit. pp. 70-71, 118.

[27] "Una columna de Tarragona entra en Alcañiz. El comisario de la Generalidad de Cataluña en Tarragona ha comunicado al gobernador de Castellón que la columna que se formó en dicha capital para atacar a los rebeldes de Alcañiz que eran dueños de la población ha entrado en ésta ante el entusiasmo del vecindario. Las fuerzas fascistas que iban uniformadas al atisbar la presencia de la columna leal que marchaba sobre Alcañiz huyeron a la desbandada, abandonando material de guerra en abundancia". Heraldo de Castellón (25-7-1936), p. 3.

[28] "En Alcañiz no hubo apenas resistencia que vencer. No así en este pueblo, que es Castelserás, en el que fue preciso por parte de la Columna de Tarragona, emplearse con eficacia para romper la desesperada defensa de los facciosos, lo que consiguió en minutos. De igual forma fueron ocupados varios pueblos colindantes, Calanda entre otros". Heraldo de Castellón (5-8-1936), p. 3.

[29] A esta columna se le unieron restos de unidades regulares de Tarragona al mando del comandante Amadeo Insa Arenas y tres batallones de Montaña catalanes con los mandos profesionales Luis Jubert y Fernando Monasterio Bustos vid Martínez Bande, José Manuel, La invasión de Aragón ... , op. cit. pp. 71, 92-93. Este autor da a Luis Sirera el grado de capitán y sitúa al teniente Joaquín Oset Merlo como ayudante suyo en la columna.

[30] UGT-CNT (11-8-1936), p. 5. "Fue un trabajo ímprobo la organización de esta columna, por encontrar serios obstáculos que afortunadamente, fueron superados por las autoridades civiles y particularmente por la actuación acertadísima de nuestra primera autoridad local el alcalde don Joaquín Fort, así como también los jefes militares afectos al régimen, al encontrarse en que los individuos, tanto del Ejercito como Carabineros, como Guardia Civil y no menos las Milicias, dando pruebas de amor a la República, se pusieron incondicionalmente y con gran entusiasmo al lado del pueblo para dar la batalla a los facciosos. Después de la salida de la columna ha sido necesario la organización de los servicios suplementarios, saliendo regularmente la expedición de material sanitario, aprovisionamiento y armamento para la completa dotación de la misma y cubrir todas sus necesidades". Verdad (11-8-1936), p. 3.

[31] Heraldo de Castellón (21-7-1936), p. 3.

[32] Los miembros de la Junta Delegada el día 22 se dirigieron por radio comunicando entre otras noticias que el subsecretario de Presidencia se encargaría de los servicios de Gobernación y que nombraban a Ernesto Arín Prado jefe de enlace y coordinación de las fuerzas y al capitán Gonzalo Navacerrada jefe de los servicios de orden público. El nombramiento de esta Junta apareció publicado en la Gaceta del dia 23, vid. Heraldo de Castellón (22-7-1936), p. 3, (23-7-1936), p. 3 y (24-7-1936), p. 3.

[33] CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. p. 53.

[34] Heraldo de Castellón (23-7-1936), p. 2. De Valencia había salido hacia Madrid una columna el día 22 formada por 1.000 hombres, que tenía su llegada prevista para el 23, Heraldo de Castellón (23-7-1936), p. 3.

[35] " La prensa ese mismo día ya se hacía eco de la noticia "Al cerrar. Partida de las milicias. Esta noche partirán las milicias antifascistas organizadas en Castellón, formadas por milicianos de la capital y la provincia con dirección a las zonas donde aun actúan grupos de sublevados. Las fuerzas organizadas en compañía, van bajo las órdenes del capitán Sirera, con abundante material de guerra, víveres y personal sanitario". Vid Heraldo de Castellón (25-7-1936), p. 3. Días más tarde es cuando se explayó en información "A las 8,15 arrancó la columna motorizada formada por grandes camiones y autobuses y coches de turismo en medio del máximo entusiasmo de los que marchaban y de los que aquí quedaban. El momento fue de una gran emoción. La expedición se dirigió al Cuartel de San Francisco donde hizo alto para su aprovisionamiento y terminado éste, reanudaron la marcha los camiones y autobuses, seguidos de varios coches de turismo ocupados por los médicos cirujanos del Hospital Provincial don Luis Candela y don Luis Senis y el doctor Amilivia del Instituto Provincial de Higiene y los practicantes señores Cardona, Muriach y Vidal. Cerraba la expedición un camión de la Cruz Roja con abundante material sanitario y camilleros. La despedida fue emocionante y efusiva por parte del público, autoridades, comisiones del Frente Popular, diputados a Cortes señores Sapiña y Gómez Hidalgo, inspector provincial de Sanidad don Manuel Such, decano del cuerpo de la Beneficencia Provincial doctor don Juan Bellido, médico cirujano doctor don Luis Batalla y otras destacadas personalidades", vid. Heraldo de Castellón (27-7-1936), p. 2.

[36] "A la una de la madrugada del día de ayer y ocupando varios autobuses salieron de Castellón fuerzas de la Guardia Civil. A pesar de lo intempestivo de la hora, numeroso público estacionado en los alrededores del Cuartel de San Francisco esperó la salida de las fuerzas, tributándoles una despedida cordial y efusiva aclamando al benemérito Instituto. Las fuerzas expedicionarias van al mando del comandante don Francisco Ríos Romera, figurando en las mismas los capitanes don Luis Hernández Blasco y don José Martínez Ibáñez, tenientes don Juan B. Marí Clerigues, don José Bernad Cubero, don Baltasar Cortés Persiva y don Guillermo Esteban Guinot, alféreces don Joaquín Rodrigo Giner, don Benjamín García Benages, don Tomás Jarque Marcos y don Vicente Herrera Doñate. Van además 5 brigadas, 11 sargentos, 18 cabos y 170 guardias. Heraldo de Castellón (27-7-1936), p. 2. En Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, pp. 240 y ss. al referirse a Luis Sirera, dan mal el apellido que aparece como Sirena.

[37] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 239.

[38] Heraldo de Castellón (27-7-1936), p. 2.

[39]MARÍ CLÉRIGUES, Juan B., La Guardia Civil en el Alzamiento Nacional.- La Columna de Puebla de Valverde (I) "Revista de Estudios Históricos de la Guardia Civil", nº 2, Madrid, 1968, p. 124.

[40] Heraldo de Castellón (27-7-1936), p. 2.

[41] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 240.

[42] CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. p. 52. Martínez Bande, José Manuel, La invasión de Aragón ... , op. cit. pp. 71, 92-93.

[43] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 241.

[44] CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. p. 54. Un teniente de la GC que formaba parte de la expedición escribió un artículo contando lo que allí sucedió vid. MARÍ CLERIGUES, Juan B. La Guardia Civil en el Alzamiento Nacional. La Columna de Puebla de Valverde, "Revista de Estudios Históricos de la Guardia Civil", nº 2, 1968 pp. 107-126 y nº 3, 1969, pp. 99-118. La Puebla de Valverde era muy afamada por sus secaderos de jamones, donde se curaban más de 30.000 piezas.

[45] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 241.

[46] Su relato apareció publicado en Heraldo de Castellón (18-8-1936), p. 1 y en El Mercantil Valenciano (20-8-1936), pp. 1-2.

[47] La versión de los hechos por José Monleón, presidente de la Agrupación Socialista de Puebla de Valverde, que se encontraba aquel día en su masía enriquece con detalles lo que allí aconteció, aunque al dar la fecha de los hechos los sitúa equivocadamente el día 30 y no el 29 de julio como las otras fuentes consultadas: "Me encontraba en una masía situada a unos doce kilómetros del pueblo, el día 30 del pasado julio, cuando vi que llegaba la columna de los compañeros valencianos. Me incorporé a ella, siguiendo el camino hasta Puebla. Cuando llegamos, los fascistas, que se habían apoderado del pueblo, habían huido, y sólo encontramos a tres, que fueron encarcelados. Una vez tomado el pueblo, todo iba bien, observándose una normalidad absoluta en las relaciones entre los elementos militares y civiles que integraban la columna. - ¿...? - El chispazo surgió de la siguiente manera: Encontrábase en la plaza del pueblo la mayoría de los milicianos, descansando, mientras que unos grupos estaban practicando registros en los domicilios de los fascistas. Cuando se llegó a la casa del fascista mayor del pueblo, llamado Anastasio Pérez, la Guardia Civil, sin mediar provocación alguna por parte de los milicianos, empezó a disparar sobre éstos, matando trece compañeros. Como algún guardia protestara de agresión tan cobarde, empezaron los militares a dispararse entre si. De lo que ocurriera entre ellos nada puedo decir, porque junto con el resto de los milicianos me alejé rápidamente de allí refugiándome en una casa, viendo que la Guardia Civil seguía detrás de nosotros y deteniendo al que alcanzaba, llegando a practicar cuarenta y ocho detenciones, conseguido lo cual se trasladaron a Teruel para sumarse a los rebeldes de aquella capital". Verdad (11-8-1936), p. 6. Joaquín Gil Gil, otro chofer y miembro a su vez del Comité Provincial del Frente Popular en Teruel, que estuvo presente en la rebelión de la GC en Puebla de Valverde nos ofrece la siguiente visión de estos sucesos: "El 29 salimos de Segorbe para Teruel, y al llegar a la Estación de Mora de Rubielos, la columna de milicianos procedentes de Castellón y dirigida por el coronel de Carabineros y el diputado Casas Sala, se desviaron por la carretera de Mora de Rubielos-Alcalá. Y los guardias civiles y ciento treinta milicianos seguimos en dirección a Puebla de Valverde. A este pueblo llegamos a las tres de la tarde y cuando nos dirigíamos a recibir órdenes de la Guardia Civil, un capitán de ellos, raquítico y calvo, dio la voz de ¡Fuego! Inmediatamente los cuatrocientos civiles, como obedeciendo a un plan premeditado, dispararon sobre nosotros, sembrando el suelo de cadáveres. Como buenamente pude me tiré a un barranco, pero minutos después fui apresado e indultado de fusilado por mi condición de chofer, pues me necesitaban para llevarles a Teruel. Cuando de la Puebla me disponía -apresado por los facciosos- a marchar a Teruel vi llegar a la columna procedente de Castellón, cuyos dirigentes, al encontrarse el suelo sembrado de cadáveres, llamaron a mis agresores asesinos y canallas. Los rebeldes apresaron y desarmaron al coronel de Carabineros y al diputado Casas Sala, así como a mis catorce compañeros, que estaban escondidos en el Ayuntamiento. Puestos por fin en marcha con todos los detenidos, no tardamos en encontrarnos con nuevos civiles sublevados y falangistas, los cuales nos recibieron con vivas al fascio". El Mercantil Valenciano (18-8-1936), p. 1.

[48] Heraldo de Castellón (18-8-1936), p. 1. "En Mora de Rubielos, y mientras hacía guardia frente al Ayuntamiento, tuvimos el gusto de conversar unos minutos con el miliciano Manuel Jiménez Pérez, recién fugado de Teruel, el cual, entre otras cosas interesantes, nos dio la noticia de que los rebeldes han publicado en Teruel un bando por el cual se obliga a incorporarse a filas, bajo pena de muerte, a todos los varones comprendidos entre los 15 y 50 años. Y no obstante la grave amenaza son escasísimos los que han ido a incorporarse y están tan faltos de gentes, que los automóviles y autocars [sic] son conducidos por los chofers apresados en Puebla de Valverde. Celebramos esta aclaración del citado miliciano, pues ella llevará la tranquilidad a los familiares de los citados conductores que los creían asesinados". El Mercantil Valenciano (20-8-1936), p. 1.

[49] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, pp. 241-242.

[50] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 242. Otras fuentes reducen su número y fijan en 350 los guardias civiles, que llegaron a Teruel a las 11 de la noche del día 29 vid. CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. p. 55.

[51] El Noticiero (31-7-1936) citado por CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. pp. 52, 55. Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 242.

[52] El Mercantil Valenciano (18-8-1936), p. 1. "Todos los prisioneros fueron llevados a Teruel, de donde les trajeron de nuevo para fusilarles a las cuatro de la mañana en grupos de a cinco, sin darles el tiro de gracia. Ya anochecido varios vecinos llegaron hasta el cementerio de Puebla de Valverde, encontrándose con que varios de los fusilados todavía daban señales de vida, pudiendo salvar de la muerte a un muchacho como de unos 15 años". El Mercantil Valenciano (20-8-1936), p. 1-2. Parecida es la versión de José Monleón, presidente de la Agrupación Socialista de Puebla de Valverde: "Al día siguiente, estando aún refugiado en el corral de la casa, con otros dos compañeros, regresó la Guardia Civil a Puebla de Valverde con los cuarenta y ocho detenidos. Empezaron a registrar las casas, por si encontraban refugiados en ellas, llegando hasta el corral donde nos encontrábamos nosotros. Descubrieron a los dos que estaban conmigo, los sacaron, y a uno de ellos le obligaron a levantar los brazos, y estando en esta posición los cuatro guardias que entraron hicieron una descarga que mató a uno de ellos e hirió al otro. Cuando se fueron salí de mi escondite para ver si abandonaban el pueblo, y pude observar que se dirigieron hacia el cementerio con todos los milicianos detenidos. Colocaron a éstos sobre las tapias del cementerio en grupos de cinco, y así los fueron fusilando a todos. Realizado este acto vergonzoso y criminal, tomaron la carretera de Teruel, marchando en dirección de dicha capital. No quise esperar un momento más, y temeroso de que volvieran, cuando les vi desaparecer abandoné el corral, y con toda clase de precauciones me dirigí a una masía conocida con el nombre de Santa María, desde donde partí para internarme en el término de Manazaneras [sic] y de aquí a Viver. En este pueblo encontré una camioneta de milicianos, que me trasladó a Segorbe, cuando llevaba ya cinco días andando. De Segorbe a Valencia hice el viaje en un coche de milicianos de la Juventud Socialista que había ido allí a prestar un servicio". Verdad (11-8-1936), p. 6.

[53] MARÍ CLERIGUES, Juan B. La Guardia Civil en el Alzamiento Nacional. La Columna de Puebla de Valverde, "Revista de Estudios Históricos de la Guardia Civil", nº 3, 1969, p. 103. CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. p. 55. Ambos fueron fusilados en Teruel el 1 de agosto de 1936, como causa de su muerte consta la de hemorragia interna, vid. CASANOVA, Julián; CEnarro, Ángeles; Cifuentes, Julita; Maluenda, Mª Pilar; Salomón, Mª Pilar, El Pasado oculto. Fascismo y violencia en Aragón (1936-1939), Siglo XXI Editores, Madrid, 1992, pp. 702-703.

[54] El Mercantil Valenciano (18-8-1936), p. 1. Los insurgentes ofrecieron su propia versión de los hechos según la cual se reunió un consejo de guerra para juzgar por los trámites de juicio sumarísimo al coronel Fernández Bujanda y al diputado Casas Sala, el coronel no quiso comparecer ante el consejo donde fueron condenados a muerte. "El diputado confesó y comulgó con gran fervor e influyó sobre Fernández Bujanda para que éste recibiese también los sacramentos. Murieron con gran entereza y como cristianos, Casas Salas [sic] rogó a su confesor que entregase a su esposa el «Kempis» que había leído durante sus últimas horas y le dijese que dicho libro «había sido para él un gran consuelo»" Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 243.

[55]MARÍ CLÉRIGUES, Juan B., La Guardia Civil en el Alzamiento Nacional.- La Columna de Puebla de Valverde (II) "Revista de Estudios Históricos de la Guardia Civil", nº 3, Madrid, 1969, pp. 107-126, en especial p. 104.

[56]SMYTH, Terence M., La CNT al País Valencià ... op. cit. p. 36.

[57] El Mercantil Valenciano (2-8-1936), p. 1 "Fuerzas a Segorbe. Ayer tarde salió con dirección a Segorbe una columna formada por fuerzas de Carabineros, Asalto y milicianos. Marchan todos poseídos de un elevado espíritu patriótico y republicano".

[58] "Nuestro cuartel general lo constituye el Seminario, magnífico palacio, de vasta capacidad, que ocupaba hasta el momento de la intentona fascista una juventud marchita y bisbiseante, reconcentrada y seca de cordialidad ... /... Nosotros los anti-España, los obreros y los campesinos, los intelectuales y los modestos propietarios, estamos batiendo y aplastando a la España de litografía, a los obispos orondos y a los generales monárquicos, a los señoritos millonarios y a los grandes terratenientes..../... Queremos liberar pronto a nuestros camaradas turolenses del yugo fascista. Pero para ello necesitamos el refuerzo de una columna de Valencia, que según nuestros informes, no tardará en llegar". vid El Mercantil Valenciano (7-8-1936), p. 2 la crónica "En tierras de Segorbe. Los milicianos de Castellón ..". firmada por José Santacreu y fechada el día 3 de agosto.

[59] Una columna formada por unos 500 milicianos, llamada los «Aguiluchos de la FAI», salía de Valencia la noche del domingo día 9 de agosto con dirección a Teruel. Los oficiales que les acompañaban eran "el comandante Ferrer, los capitanes Somoza Méndez y Grancha, los alféreces Vicent y Salgrero y las clases Pérez Vidal, Gil y Lacal". El Mercantil Valenciano (11-8-1936), p. 7."Una columna de milicias proletarias al frente de Teruel ... En dicha información se precisaba que "formando parte de la columna que salió para Teruel, marcharon doscientos jóvenes comunistas perfectamente equipados e instruidos, para tomar parte en el inminente ataque a la ciudad aragonesa".

[60] Martínez Bande, José Manuel, La invasión de Aragón ... , op. cit. p. 93. CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. p. 56.

[61] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 242. "Pero donde el heroísmo ha llegado a la sublimación es en Utrillas, en donde los mineros socavaron una enorme extensión de terreno y sembraron cartuchos de dinamita que al estallar causaron innumerables bajas al enemigo. En la actualidad se defienden los mineros por un cerco alámbrico, con corriente eléctrica de alta tensión y esperan el momento oportuno para participar en la reconquista de Teruel". El Mercantil Valenciano (20-8-1936), p. 1.

[62] Martínez Bande, José Manuel, La invasión de Aragón ... , op. cit. p. 93. COLAS LAGUÍA, Emilio; Pérez Ramírez, Antonio, La gesta heroica de España. El movimiento patriótico en Aragón, Ed. Heraldo de Aragón, Zaragoza, 1936, p. 213. Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 242.

[63] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, pp. 242-243. A los sublevados les faltaba armamento y municiones "Los fusiles son tan escasos que cuando la Compañía de Voluntarios se destaca por algún punto, muchos van armados de pistolas".

[64] Sobre las vicisitudes de la Columna de Hierro en los primeros días PAZ, Abel, Crónica de la Columna de Hierro, Virus Editorial, Barcelona, 2001, en especial pp. 21-47; la cita es de la p. 39; de esta obra existe una primera edición en catalán Crònica de la Columna de Ferro, editorial Hacer, Barcelona, 1984. En el diario Verdad (8-8-1936) aparece una fotografía con presos de la cárcel de San Miguel de los Reyes que más tarde se iban a incorporar a la Columna de Hierro con el siguiente texto: "Camaradas de la CNT salidos de San Miguel de los Reyes para incorporarse a las columnas que marchan al frente".

[65] "La expedición salida ayer desde Valencia y Sagunto llegó felizmente a Segorbe, continuando el viaje hasta Barracas, a donde llegaron por la tarde. En Segorbe hay concentrados cerca de 5.000 hombres, que iniciarán hoy su avance, adentrándose en la provincia de Teruel, hasta llegar a la capital, para continuar después hasta Zaragoza". Heraldo de Castellón (11-8-1936), p. 3.

[66] "Llegamos a Barracas haciendo noche, donde prestó guardia el grupo 90. Salimos por la mañana camino de Sarrión y en la noche venidera prestamos guardia desde las siete de la tarde hasta las siete de la mañana del siguiente día. Al salir de guardia, a tiempo de ir a tomar el desayuno tuvimos que coger las armas y echarnos al campo porque los enemigos facciosos nos presentaron ataque". Heraldo de Castellón (22-8-1936), p. 1.

[67] "Los prisioneros ascienden a una veintena. Vestían el uniforme de la Guardia Civil de forma desastrosa. Mientras a unos les venía grande el uniforme, para otros les era insuficiente. Con los tricornios ocurría lo mismo. Así que parecían guardias civiles de guardarropía. Estos detalles nos llamaron la atención y entonces nos confesaron que eran paisanos y que los uniformes se los habían facilitado en Teruel. Dimos una batida por los alrededores, llegando hasta las inmediaciones de Sarrión, a 44 kilómetros de Teruel. Luego regresamos a Barracas con el más vivo entusiasmo, satisfechos de la rapidez y de la eficacia de nuestro primer combate. Las notas vibrantes de «La Internacional», de «La Joven Guardia» y otros himnos proletarios salían de nuestras gargantas con más fe, con más ardor que nunca ..".El Mercantil Valenciano (13-8-1936), p. 2. Aunque la crónica periodística viene fechada el día 10 parece que los hechos corresponden al día 11 de agosto.

Las fuerzas de la Columna de Hierro estaban en Barracas, ansiosas de ser trasladadas a Sarrión con camiones, pues habían volado el puente del ferrocarril entre Rubielos y Sarrión, al iniciarse el traslado es cuando pasan por Albentosa, donde tienen un enfrentamiento a tiros con los guardias civiles El Pueblo, (16-8-1936), p. 1.

[68] El Mercantil Valenciano (12-8-1936), p. 2. "Como ya dijimos el martes día 11, al atardecer, una avanzadilla compuesta por ciento cincuenta milicianos, reconquistó para la República el pueblo de Sarrión; durante la noche hubo un tiroteo que duró cerca de dos horas y en el que los facciosos al huir abandonaron un autobús y una ametralladora". La Voz Valenciana (15-8-1936), p. 6. MARÍ CLERIGUES, Juan B. La Guardia Civil en el Alzamiento Nacional. La Columna de Puebla de Valverde, "Revista de Estudios Históricos de la Guardia Civil", nº 3, 1969, pp. 111-112.

[69] El Mercantil Valenciano (13-8-1936), p. 2. Aunque la crónica periodística viene fechada el día 10 parece que los hechos corresponden al día 11 de agosto.

[70] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, pp. 243-244. MARÍ CLERIGUES, Juan B. La Guardia Civil en el Alzamiento Nacional. La Columna de Puebla de Valverde, "Revista de Estudios Históricos de la Guardia Civil", nº 3, 1969, pp. 112-114. En el encuentro como ya se ha dicho fue decisiva la intervención de la aviación republicana: "Tanto es así que, gracias a ella, les fue inflingido a los rebeldes un castigo considerable. Ayer mañana volaron sobre el frente los aviadores Reigosa y Fernández, en servicio de exploración, obteniendo datos valiosísimos. En efecto: pasado Sarrión, y dirigiéndose hacia este pueblo, vieron como una columna formada por veinte o treinta camiones, trasladaban fuerzas enemigas, con objeto de sorprender a los nuestros. Volvieron sobre la marcha nuestros aviadores y, tras advertir el peligro a las fuerzas leales, regresaron a Manises, comunicando la nueva al jefe del aeródromo, capitán González Boada. Inmediatamente se dispuso la salida de tres aviones de bombardeo que iban tripulados por los pilotos señores Cristiá, Franco, Naranjo, Ferrer, Azcona y Azcona, llevando como observadores a los señores Casademús [sic] y Bengochea [sic]. La escuadrilla leal marchó al encuentro de la columna rebelde sorprendiéndola en el camino para bombardearla intensamente. El pánico que se apoderó de los facciosos fue enorme. Huyeron a la desbandada hacia Puebla de Valverde, pero en su huida fueron perseguidos por los bravos pilotos que les inutilizaron los vehículos y una pieza de artillería que llevaban remolcada para emplazarla en sitio estratégico" La Correspondencia de Valencia (14-8-1936), p. 6.

[71] "Durante todo el día del miércoles [día 12] la columna que tenía establecido el cuartel general en Barracas, trasladose a Sarrión, en donde la tranquilidad no se alteró lo más mínimo hasta el jueves [día 13], poco más tarde de las 8 de la mañana, en que en ocasión de encontrarse paseando por la carretera de Valencia a Teruel un grupo de milicianos fueron agredidos por el enemigo que se encontraba oculto en un altozano. Dada la voz de alarma y cuando la gente empuñaba las armas para castigar con dureza a los rebeldes, los milicianos vieronse desagradablemente sorprendidos con cinco disparos de cañón, de los cuales sólo uno causó destrozos de consideración en una casa del pueblo, la inmediata al palacio propiedad de don Ramón Monterde, convertido en la actualidad en cuartel general de las milicias de la CNT y FAI. Al disparo del cañón enemigo siguió un nutrido tiroteo de fusilería y de ametralladoras. El ataque se contestó con bravura y coraje por los milicianos, que al verse asediados por todas las entradas de Sarrión, redoblaron su empuje, coraje y decisión. Ello no obstante, a las doce de la mañana la lucha alcanzó su periodo álgido, y la suerte fue decidida cerca de la una de la tarde con la presencia de tres aparatos de aviación tripulados por pilotos afectos al régimen. Éstos tras de ordenar a las milicias que se replegasen, bombardearon con gran precisión y acierto al enemigo, que huyó a la desbandada en quince de los camiones que habían empleado para llegar a las cercanías de Sarrión. Las milicias, al observar el excelente efecto producido por los disparos de la aviación y darse cuenta que los rebeldes escapaban, abalanzáronse con denuedo y valor sin límites, causando a los sediciosos treinta y dos bajas, y apoderándose de los grandes autocares de los recientemente adquiridos para la Guardia Civil y fuerzas de Asalto, de la matricula de Madrid, núms. 52.510 y 52.676, así como de dos coches de los destinados a ambulancias sanitarias, en cuyo interior se encontraron a más de gran cantidad de armamento, ocho ametralladoras. También fueron apresados cuatro fascistas vestidos con buzos, tocados con las clásicas boinas carlistas y llevando sobre el pecho el distintivo fascista del haz de flechas". La Voz Valenciana (15-8-1936), p. 6.

[72] El Mercantil Valenciano (14-8-1936), p. 2.

[73] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 244.

[74] Heraldo de Castellón (14-8-1936), p. 2.

[75] El Mercantil Valenciano (14-8-1936), p. 2.

[76] "A gran velocidad desaparecieron por la carretera en dirección a Teruel, y próximamente a las diez y media de la mañana comenzaron a llegar camiones conduciendo heridos, algunos de los cuales, en número de cuarenta, fueron asistidos por el médico y el farmacéutico de Mora de Rubielos y los más graves llevados a Teruel. A la una y media de la mañana regresó el resto de la expedición; los sublevados llevaban en el rostro reflejado el dolor y el espanto de la derrota y miraban recelosos por temor a encontrarse con los milicianos. De los últimos de los vehículos se apearon dos fascistas con buzos azules y escarapelas monárquicas, los cuales dirigieronse a la oficina de Telégrafos, en donde, por encontrarse cumpliendo funciones del servicio el repartidor Emilio Ferrer Torres, estaba sólo el jefe de negociado de segunda clase don Teódulo Monzón Agustín, casado y con seis hijos de corta edad. Los fascistas en cuestión penetraron en la oficina telegráfica empuñando sendas pistolas, y con voz autoritaria ordenaron al telegrafista Teódulo Monzón que transmitiese un telegrama que llevaban redactado para el gobernador faccioso de Teruel. Opusose a tal pretensión el telegrafista, diciéndoles que por el telégrafo a su mando no se transmitían otras órdenes y noticias que las de las fuerzas adictas al Gobierno de Madrid. A la respuesta del citado funcionario, fiel cumplidor de su misión y leal al régimen republicano, contestaron los fascistas disparándole cuatro tiros a quemarropa que le ocasionaron la muerte". El Mercantil Valenciano (20-8-1936), p. 1. Otra versión de la muerte del telegrafista decía: "Cuando completamente desmoralizados llegaron al pueblo fueron a Telégrafos para que el señor Monzón enviara un telegrama. Don Teodoro, que tiene seis hijos, hizo notar a los que se lo exigían, que la línea estaba interrumpida por avería. Entonces, sin más explicaciones, le dijeron: ¿No quieres avisarlo? Pues toma. Y le dispararon cuatro tiros a bocajarro. El hijo mayor aun vio como le daban el último". El Pueblo (18-8-1936), p. 2.

Según informes de la GC el radiotelegrafista de Mora fue quien alertó a los de la columna del ataque, y probablemente por eso lo mataron, vid. MARÍ CLÉRIGUES, Juan B., La Guardia Civil en el Alzamiento Nacional.- La Columna de Puebla de Valverde (II) "Revista de Estudios Históricos de la Guardia Civil", nº 3, Madrid, 1969, pp. 107-126, en especial p. 113.

[77] La Voz Valenciana (15-8-1936), p. 6.

[78] Heraldo de Castellón (14-8-1936), p. 2.

[79] "A nuestra llegada esta capital, pasamos exponer V.E. situación misma, la encontramos atacada por dos frentes con fuerzas Aviación y Artillería del enemigo y con fuertes y nutridos núcleos. Heterogénea composición fuerzas y a la vez que poca disciplina en Milicias y Falange, así como también escasísimas fuerzas para atender ambos frentes, rogamos V.E. ordene con toda urgencia envío fuerzas para llegar a esta capital en la madrugada de hoy, así como también imprescindible envío para atacar los frentes y artillería enemiga. Población, consternada,, desea evacuar capital ante el temor de que fuerzas enemigas se apoderen en el día de hoy de esta plaza. Rogamos noticias para contestar a los requerimientos que se nos hacen, siendo nuestra impresión pesimista. El enemigo encuéntrase 16 kilómetros población no por la parte montañosa, sino por la parte baja, actuando en el día de hoy tres aviones de bombardeo, que lo han efectuado últimamente de siete y media a ocho de la noche. Insistimos envío Aviación dentro de breves horas, contrarrestar enemigo y levantar ánimo; insistimos en que las fuerzas propias son escasas. Dígame si podrá ser el envío de dicha Aviación que solicitamos, para tranquilizar ánimos, pues es inminente la caída de Teruel". Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 244.

[80] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 246.

[81] El Mercantil Valenciano (16-8-1936), p. 1.

[82] "En el castillo, pieza inexpugnable si hubiera sido defendida con valor, encontramos machetes, correajes, gorros de guardia civil, leguis, etc, que en su huida abandonaron los rebeldes. Inspeccionamos la carretera que va a Alcalá de la Selva, línea muy importante para el ataque a Teruel, y observamos, junto a una loma que hay a la salida del pueblo, una barricada hecha con piedras, que intercepta completamente el paso de automóviles y que seguramente fue hecha al iniciar la huida para retrasar una posible persecución. Al regresar al interior de Mora oímos el bando dictado por Pellicer, uno de los componentes del Comité de Guerra, anunciando al pueblo que puede estar tranquilo porque no se realizará ningún acto de pillaje ni incautación forzosa, ya que si algún voluntario pretendiera hacerlo sería castigado inexorablemente. Realmente, el bando ha sido más que nada una tranquilidad para el pueblo, que una prohibición para los expedicionarios, ya que éstos se han limitado a habitar las casas sin vecinos, entregando al comité las armas u objetos encontrados. El pueblo está en parte dominado aun por el terror de los hechos ocurridos durante la ocupación de los rebeldes". El Pueblo, (18-8-1936), p. 2.

[83] Heraldo de Castellón (17-8-1936), p. 1. "Las milicias de Valencia y Castellón han conquistado en menos de 48 horas los pueblos de Nogueruelas, Mora y Puebla de Valverde. Cada minuto que pasa crece en proporciones gigantescas el entusiasmo de los componentes de la "Columna de Hierro" por luchar hasta conseguir el total aplastamiento de las fuerzas rebeldes. Tal es su decisión y arrojo, que cuesta gran esfuerzo el retenerles para que por propia iniciativa no se lancen a la conquista de Teruel. El domingo los componentes de la «Columna de Hierro» de la CNT-FAI apuntáronse otro nuevo éxito al conquistar sin esfuerzo alguno los pueblos de Nogueruelas y Mora de Rubielos. Y ayer la misma columna recuperó Puebla de Valverde tras un brillante hecho de armas. Prosigue el avance victorioso hacia Teruel". Heraldo de Castellón (18-8-1936), p. 3. Otra versión de la toma de Mora nos la ofrece el periódico El Mercantil Valenciano (16-8-1936), p. 1. "El domingo los componentes de la Columna de Hierro de la CNT-FAI apuntaronse otro nuevo éxito al conquistar sin esfuerzo alguno los pueblos de Nogueruelas y Mora de Rubielos. Éste último parecía que iba a costar gran esfuerzo el reconquistarlo, debido a que en las alturas del mismo existe un castillo desde el que los rebeldes, en número de cuarenta habianse hecho fuertes con ametralladoras y mausers. El viernes y el sábado los rebeldes fortificados en el citado recinto recibieron un fuerte castigo que les desmoralizó, y a ello se debió, sin duda, el que al aparecer las fuerzas leales el domingo por la mañana los facciosos abandonaran su reducto, y en camiones marcharan precipitadamente en dirección a Teruel, no sin asesinar antes, cobardemente, al oficial de telégrafos, destacado elemento de izquierdas, en funciones de servicio en aquella localidad. En el interior del castillo, cuando entraron los componentes de la Columna de Hierro, encontraron uniformes de guardia civil y una buena cantidad de armamento y municiones, así como boinas rojas y una bandera monárquica". La crónica equivocadamente atribuye la muerte del telegrafista a esta acción, cuando en realidad sucedió tras la batalla de Sarrión.

[84] Heraldo de Castellón (18-8-1936), p. 1.

[85] UGT-CNT (17-8-1936), p. 8.

[86] Fragua Social (26-8-1936), p. 8.

[87] Historia de la Cruzada Española, op. cit. vol. IV, p. 246.

[88]"A la larga lista de pueblos reconquistados sin gran esfuerzo por las fuerzas adictas que actúan en el frente de Teruel, hay que añadir el de Alcalá de la Selva. Pueblo que desde ayer, vuelve a estar bajo el control y salvaguardia del Gobierno de la República, y que ve alejada para siempre la pesadilla fascista. En la reconquista de dicho pueblo destacó la formidable actuación de la guerrilla titulada «Los Vengadores». Guerrilla que ya en la toma de Sarrión, Mora de Rubielos y Rubielos de Mora, había dado pruebas de su arrojo". El Mercantil Valenciano (20-8-1936), p. 1. Otra reseña decía: "En el Sector de Teruel la «Columna de Hierro», que tomó Puebla de Valverde, ha tomado, tras intenso tiroteo, el pueblo de Alcalá de la Selva, a las puertas de Teruel" Fragua Social (23-8-1936), p. 6.

[89] Fragua Social (27-8-1936), p. 5.

[90] Heraldo de Castellón (25-8-1936), p. 1 y p. 3.

[91] Heraldo de Castellón (27-8-1936), p. 3.

[92] El Mercantil Valenciano (27-8-1936), p. 5.

[93] Martínez Bande, José Manuel, La invasión de Aragón ... , op. cit. p. 119.

[94] Verdad (11-8-1936), p. 6.

[95] El nombre de Uribes para la columna venía por José Antonio Uribes, diputado comunista por la provincia de Valencia, que se destacó en su organización. Verdad (15-9-1936), p. 3.

[96] "Cuatro compañeros pasaron el límite de la provincia para explorar el terreno, llegando hasta Arcos de las Salinas. En este pueblo, como en el de Torrijos [sic], Las Dueñas y el Cerezo [sic], el movimiento subversivo triunfante había nombrado ya Ayuntamientos fascistas, que han sido ya depuestos por sus habitantes. Los campesinos que estaban dedicados a las faenas de la siega recibieron con alegría a los camaradas comunistas y les alentaron para que pronto iniciaran el avance de las columnas, seguros de que a su paso la gente se sumaría a ellos. El pueblo vecino, Manzanera, en poder de los rebeldes, es antifascista, y se espera conquistarlo apenas se inicie el avance". Verdad (13-8-1936), p. 6.

[97] Heraldo de Castellón (11-8-1936), p. 2. El teniente coronel Peyre con su batallón de Ametralladoras había salido de Castellón el la noche del día 25 de julio, tras pasar por Requena, Valdepeñas y Linares, estaba en el frente en el Carpio cuando fue llamado de nuevo a Valencia. Vid Heraldo de Castellón (27-7-1936), p. 2, (28-7-1936) p. 3. Hay que advertir que las diferentes fuentes al la hora de referirse al teniente Coronel Peyre lo hacen indistintamente como Peire o Peyre, así como la columna por él dirigida Peyre-Uribes.

[98] Heraldo de Castellón (13-8-1936), p. 2.

[99] "Ayer salió también para el frente, en un camión de la SOGEA, el camarada Salvador Chardí, del Comité Provincial del Partido Comunista y redactor de «Verdad», acompañado de cinco obreros tipógrafos, portadores de una imprenta, con la que editaran un periódico para los milicianos". Verdad (13-8-1936), p. 6. Un ejemplar del mismo el nº 23, editado en Villel, aparece reproducido en Verdad (15-9-1936), p. 3.

[100] El Mercantil Valenciano (20-8-1936), p. 2. La Columna Peyre-Uribes estaba formada por una centuria del POUM, dirigida por Valls; el Batallón Uribes, al mando de los comunistas Morales y Rochina; el Batallón de los Almogávares de Izquierda Republicana, dirigido por Antonio Cortina, Maximiliano Beltrán y los capitanes Miguel Pardo y Adelardo Berenguer, acompañados por el diputado del mismo partido Miguel Pérez y fuerzas del Ejército, Infantería, Artillería y Aviación.

[101] Verdad (23-8-1936), p. 1.

[102] Para conseguir la toma de Villel el viernes día 21 la columna se distribuyó de la siguiente forma: "cuatro compañías del POUM con Guardia Civil, Infantería y el tanque «Santiago García» sitiaron Villel, entrando por la carretera que va del Rincón de Ademuz a Teruel. Y «Los Almogávares» de Izquierda Republicana marcharon a través de altas y escabrosas montañas hasta colocarse entre el río Turia y Cascante, iniciando la ofensiva con tiros de fusil. Los rebeldes admirablemente parapetados, contestaron con disparos de fusil y ametralladora. Iniciándose a las diez de la mañana, por nuestra parte, un intenso bombardeo de la artillería, que causó grandes bajas al enemigo. El combate duró toda la jornada, y al caer la tarde y durante la noche las fuerzas adictas, con una resistencia digna de todo elogio, en vez de descansar aprovecharon la tregua para situarse en mejores condiciones. El enemigo pidió refuerzos a Teruel, de donde les enviaron trece camiones con más material de guerra y fuerzas rebeldes; pero a las diez de la mañana [día 22], y visto que el cerco era cada vez más agobiante, y los rebeldes batiéronse en retirada, calculándose en doscientas las bajas por ellos sufridas. Los primeros en entrar en Villel fueron los milicianos de Izquierda Republicana, quienes con un valor rayando en la temeridad fueron desalojando, palmo a palmo, al enemigo de sus posiciones". Verdad (23-8-1936), p. 1.

[103] "Después de la toma de Villel la jornada del domingo [día 23] transcurrió tranquila, y el lunes el enemigo dio nuevas señales de vida al «paquear» a nuestras avanzadillas y al disparar repetidas veces contra Villel sus morteros. Por fortuna, los tiros fueron mal dirigidos, y ni uno solo de los disparos cayó sobre Villel, no causando baja alguna. Al atardecer y cuando mayor era la confianza de los milicianos, hicieron su aparición tres aviones enemigos, dos de caza y uno de bombardeo, los cuales dejaron caer sobre Villel seis bombas, de las que solamente estallaron dos, ocasionando la muerte del conductor de una camioneta que había llegado con víveres y lesionando levemente a dos electricistas y a un miliciano. La muchachada de la columna Peire, al darse cuenta de tan inoportuna visita, rompió el fuego contra los aviones, y estos a pesar de ir a gran altura, por miedo a un impacto, escaparon veloces. Cuando los aparatos evolucionaban sobre Villel, tres fascistas que hasta entonces habían permanecido «emboscados» salieron a la plaza y comenzaron a dar vivas al fascio y a vitorear a los «suyos». Inmediatamente se formó el consejo de guerra contra ellos y se cumplió la sentencia. Y nada más por hoy. Con la esperanza de que este Teruel, que desde nuestro altozano divisamos no muy lejos, no tarde en estar bajo el control de la República hacemos punto. Villel, 23 agosto". El Mercantil Valenciano (26-8-1936), p. 1.

[104] El Pueblo (30-8-1936), p. 1.

[105] "El día 10 de agosto del año actual, a las nueve de la noche, en tren especial, formado en la Estación del Cabañal, salimos cuatrocientos obreros de distintas edades y oficios, en la expedición que organizó la CNT, con dirección al campo de concentración instalado en Castellón, cuartel que ocupaba anteriormente el batallón de Ametralladoras, provistos todos de un enorme entusiasmo y una fe ciega en la victoria, al grito de guerra de La Internacional". UGT-CNT (15-8-1936), p. 1.

[106] Heraldo de Castellón (17-8-1936), p. 1.

[107] Heraldo de Castellón (21-8-1936), p. 2.

[108] Martínez Bande, José Manuel, La invasión de Aragón ... , op. cit. pp 72, 118. CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. p. 56. Ambos autores equivocan la fecha de salida de esta columna que sitúan el día 18. "En el frente de Teruel. (de nuestro enviado especial). Camino de Cantavieja. En las primeras horas de la mañana del miércoles [dia 19] abandonamos Castellón con la Columna de las milicias valencianas Torres-Benedito que la componen 40 camiones, varios coches de turismo y la ambulancia sanitaria. Nuestro paso por los pueblos se hace entre delirantes aclamaciones de los ciudadanos al grito de ¡Viva la República y la Libertad! saludándonos con los puños en alto. Al cronista se le ha reservado un puesto en el coche del secretario general que rápido se despega de la columna, adelantándose a Alcalá para disponer todo lo necesario para su avituallamiento. Después de comer expléndidamente [sic] la expedición prosiguió su viaje rumbo a Villafranca donde pernoctamos.

A la mañana siguiente [día 20] reanudamos la marcha hasta Fortanete, pueblo ya cercano al de las guaridas facciosas. La patrulla Tronchoni se ha incorporado a la de Benito. También en Alcalá se agregó una batería de morteros y otra de ametralladoras del Regimiento de Otumba de Valencia al mando del capitán Sierra. Ya en terreno rebelde el fervor de los milicianos aumenta por momentos deseando todos que en poco tiempo la reconquista de la capital Teruel sea un hecho. M. GUAL" Heraldo de Castellón (21-8-1936), p. 3.

[109] Fragua Social (23-8-1936), p. 1.

[110] Heraldo de Castellón (22-8-1936), p. 2.

[111] Fragua Social (23-8-1936), p. 1. En la prensa de guerra aparecen noticias como la presente, mediante las cuales se intenta hacer propaganda y crear un clima de animadversión bien anticlerical o de otro tipo, y justificar cualquier acción aprovechando las circunstancias "Aquí, en Cantavieja, también ha llegado la ferocidad del hábito frailuno y el sayal monjil. En esta iglesia el pueblo ha descubierto unos cuerpos momificados, y entre ellos el de una mujer con señales evidentes de torturamiento, y junto a ella, un niño, asesinado seguramente, recién nacido. El pueblo, crispada su sensibilidad por la visión de esta criminal refinación, ha destrozado parte del interior de la iglesia. Con los cobertores rojos hallados en el recinto religioso, hombres y mujeres han confeccionado lazos y flores que pasean orgullosas por el pueblo, como llameante símbolo de la Revolución. También después de arrojado el fetiche religioso, ha surgido la nota humorística a costa de los trofeos clericales; la da un muchacho que revestido de casulla y bonete, aparte de unas ganchudas gafas que fueron del sacristán, estaba lavando su ropa en el lavadero público, y filosofando, quizás, acerca del milagro de los peces".

[112] Fragua Social (27-8-1936), p. 5.

[113] La toma de Corbalán quedó reflejada con espectaculares titulares en la prensa tanto de Valencia como de Castellón "En las primeras horas de la tarde del sábado [día 22] abandonamos la explanada donde estuvimos acampados unas horas, dejando en ella el material móvil. La columna inicia el avance por la carretera y a unos 2 kilómetros el jefe de la misma dio orden para dividirse en 3 secciones con el objeto de iniciar la ofensiva y ocupar los puntos estratégicos desde los cuales se domina el pueblo. El tanque «J. M. Martínez» avanza por la carretera y al transponer una loma un grupo de guardias civiles facciosos rompe el fuego de fusil y ametralladoras, repeliéndolo los valerosos milicianos del grupo los «Machos». Las tres secciones de la columna abren fuego contra el pueblo rebelde y rápidamente enmudece la fusilería enemiga ante el empuje brioso de los leales. Únicamente desde lo alto de un monte sobre el que se levanta un pequeño ermitorio nos hostigan 26 guardias civiles que al mando de un alférez se han hecho fuertes en aquel lugar. Al oscurecer [día 22] cesa por completo el fuego enemigo y los bravos defensores de la libertad al grito de U.H.P. se lanzan a la conquista del pueblo con un entusiasmo ardoroso y vibrante. Al entrar la columna encuentra la población completamente desierta, informándonos uno de los vecinos que al entrar allí los fascistas se impusieron por el terror haciéndoles entregar cuantos objetos necesitaban además de sus hijos, muchos de ellos jóvenes de 16 y 17 años de edad. Uno de los pocos vecinos que encontramos en el pueblo nos dice que el día 12 de agosto llegaron procedentes de Teruel varios guardias civiles, al mando de un alférez, afirmando que en España mandaba el fascismo y que aquel que no obedeciera sus órdenes sería fusilado. Varios jóvenes de la localidad antes que ir al frente faccioso prefirieron internarse en los montes, donde aun se encuentran. Nuestras tropas después del combate daban muestras de desbordante alegría por ser la primera vez que entraban en fuego y el primer éxito de la Columna Torres- Benedito. Los facciosos dejaron en su huida dos cadáveres en el campo. El grupo número 10 hizo entrega al jefe de la columna de 3.985 pesetas que se encontraron en casa del cura y el llamado «Terror de la Plana» de una moneda de oro y varios objetos de valor, rasgos de honradez que fueron muy elogiados y que ponen de relieve que estos heroicos milicianos no sienten otra ansia que la defensa de la República y la defensa de las esencias democráticas. M. GUAL" Heraldo de Castellón (24-8-1936), p. 2.

[114] Martínez Bande, José Manuel, La invasión de Aragón ... , op. cit. p. 119.

[115] CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. p. 57.

[116] El Heraldo de Aragón (26-8-1936). CENARRO LAGUNAS, Ángela, El fin de la esperanza... , op. cit. p. 52.

[117] Martínez Bande, José Manuel, La invasión de Aragón ... , op. cit. p. 119.

[118] Fragua Social (26-8-1936), p. 8. Teruel estaba rodeada pero no se decidía el ataque final "En el frente de Corbalán la Columna de Torres-Benedito sigue su acción eficaz. En las primeras avanzadas van los grupos de Tronchoni y Mirasol, compuestos de cuatrocientos hombres cada uno, que están a cinco kilómetros de Teruel. Estos grupos están compuestos exclusivamente de afiliados a la CNT. La Columna Torres-Benedito está esperando que la acción combinada con la Columna de Hierro y la de Uribes-Peyre culmine en la toma definitiva de Teruel". Fragua Social (29-8-1936), p.4.