Desaparecidos. La segunda condena

 

Mª Isabel Peris    

 

 
 

 

El Ayuntamiento de Valencia rechaza salvar una fosa de republicanos, la responsable popular Mª Jesús Puchalt dice garantizar que no hay restos, el Forum per la Memoria afirma que están sepultados miles de víctimas del franquismo. Esta noticia fue publicada el día 29 de abril  por el diario El País. Lo primero que llama la atención es como puede una persona hacer tal afirmación garantizando algo semejante. No han bastado 75 años de silencio; para la Dictadura no fue suficiente vencer hubo que convencer o exterminar ( la muerte, el exilio ), en la Transición el punto y final, el silencio, en la democracia más silencio 25 años de silencio. Sin embargo todo ello no es bastante para los herederos biológicos o culturales del franquismo. Necesitan más, necesitan una segunda condena, la condena del olvido, la derrota más allá de la muerte.

Enterrar a los muertos es un rito inherente a los inicios de la civilización humana, al nacimiento de la conciencia, de la vida frente al misterio de la muerte. Negar su posibilidad es una vejación que pretende negar la condición humana de determinados muertos mientras otros muertos llevan reconocidos y homenajeados tres cuartos de siglo.

Paradójicamente o consecuentemente según se mire, esta negación y este ocultamiento es lo que defienden y llaman  reconciliación, una reconciliación que consiste en dejar a los desaparecidos en desaparecidos y el vacío para sus seres queridos, para sus herederos. Personas obligadas a vivir fingiendo el olvido de aquellos que murieron sin un adiós probablemente insultados en el momento de su muerte mientras sus asesinos murieron en sus camas, esto es su concepto de la  reconciliación el fingimiento del olvido, uno de los caminos a la locura. La irreverencia y el insulto se repite sobre sus restos sus huesos perdidos, se llega hasta a ironizar con temas de exhumaciones, pruebas de ADN. Es fácil utilizar la prepotencia cuando se está en el poder,  argumentos  que encierran un cinismo tales como la falta de pruebas dado que es evidente que no las hay porque de eso se trataba, obviamente, sino figurarían las tumbas con sus nombres.

La reconciliación es algo substancialmente diferente, conlleva ante la posibilidad y los indicios, una investigación concienzuda y no la huída y la negación. El verdadero interés y el camino que la posibilita es el que conduce al reconocimiento del genocidio cuyo ejemplo tenemos ya en otros países, la aceptación de los hechos y no el miedo a los fantasmas del pasado. Lo que dista mucho de ser reconciliación es la intención manifiesta y prepotente de destruír las pruebas del exterminio franquista, sin olvidar además todos los archivos, documentaciones quemadas  y desaparecidas intencionadamente en el pasado no tan lejano.

El 17 de marzo el Consejo de Europa en su Comisión Permanente de la Asamblea Parlamentaria aprobó por unanimidad la gran condena del régimen franquista. La resolución condena con firmeza las múltiples y graves violaciones de los derechos humanos cometidas en España entre los años 1.939 al 1.975 y propone este año como el año de la Memoria. En este país determinados estamentos continuan actuando como si no se hubieran enterado. Pero ya no es el tiempo de las súplicas ni de las lágrimas, no es el tiempo de aquella fuerza brutal que enterró las voces fundiéndolas con la tierra para que sus ecos se convirtieran en polvo.