Textos i activitats projecte educatiu. IES Castelló ciutat. Campo francés, de Max Aub

Max Aub (2008): Campo francés editorial Castalia, Madrid.

“Cataluña, 30 de enero de 1939. Noche. El Campo

Un cobertizo. Llueve. Desde el alero caen gruesas gotas en un charco. El pecinal. Gentes amontonadas. Su vaho. Un burro, dos perros mojados apretujados uno contra otro. Un niño dormido con un conejo de trapo en los brazos, un niño de pecho llorando, la mujer que lo lleva saca su pecho, le da de mamar, levanta los ojos. La lluvia. La mujer procura apartar sus pies de un charco sin conseguir más que molestar a sus vecinos. Lloran unos niños.”(p. 95)

“El cielo: los aviones más cerca. Ametrallamiento lejano. La carretera, los coches, cachivaches abandonados; el camión de gasolina; a lo lejos un puente, un riachuelo. Nadie.

Ruido de avioness, más cerca. Sobre el riachuelo ráfaga de ametralladora. Ídem en la tierra. La ráfaga pasa sobre un hombre con las manos en el cogote, la sangre empieza a manar entre sus dedos. En la carretera, ristra de bombas incendiarias en busca del camión. Tras cada explosión, caras de hombres, mujeres, niños, el perro. El techo del cobertizo, visto al principio, de pronto, acribillado a balazos. La carretera: el camión quemándose. Un niño que corre a campo traviesa, lejos, pequeño, sosteniéndose un brazo. Cae. Ruido de aviones alejándose. Un grito. Una queja.”(p.105).

“Exterior e interior del campo de concentración

La alambrada, el campo y sus setos, la carretera, los árboles que la bordean. De trecho en trecho, soldados, fusil al hombro, cerca de las garitas. Al fondo, los Pirineos. Ante ellos la punta aguda de un campanario. Nubes. Otoño pardo. Viento.

De lejos, por la carretera, el carro del abastecimiento cargado con un ataúd. Avanza al paso lento del jamelgo. Tras las alambradas, en los tres quartiers, los presos formados de tres o seis en fondo, firmes, serios, destocados. Una campana toca a muerto.”(p. 470-471)

“María

Yo creía, como todas, que lo primero era nuestra tranquilidad: mi casa, el pan de cada día. Yo creía y alentaba a mi hombre en ese camino. Le aplaudía al oírle: ¿para qué sirve la política? ¿Qué más da? ¡Que nos gobiernen como quieran!Si tú me quieres y yo te quiero, si no nos falta para el cocido y podemos ir al cine el sábado…Y porque así lo creímos vino lo que ha venido. Por creer eso estamos donde estamos y él ha muerto. Si todas hubieran gritado: ¡Eso no! ¡eso no!, todas a una…No estaríais aquí, españolas, sino en vuestra tierra española, comiendo pan español, y oleríais el sudor español de vuestros hombres por la noche…y vosotras, alemanas, no habríais perdido el hábito de vuestros maridos, machacados en los campos alemanes, y vosotras polacas, y vosotras italianas y nosotras, francesas, no estaríamos aquí sino, a lo sumo, en donde fuera, luchando. Ahora se los llevan a África, para matarlos de calor y trabajo. ¡Basta! ¡Basta! ¡No podemos perder más de lo que hemos perdido! Y aunque lo perdiéramos ¡qué más da! Lo poco que aún tenemos nos lo irán arrebatando. ¿Qué? ¿Dudáis? ¡Tenéis miedo? ¡No sois mujeres? Si éstos se van, mañana se los llevarrán a todos. ¡No más! ¡No más!“(p.478-479).

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